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6 diciembre 2014 6 06 /12 /diciembre /2014 11:47

                                                             

                                                                                                                                             

 

  Hace algún tiempo de pura casualidad vi una entrevista del escritor  Gonzalo Altozano, a un Señor llamado Jimmy Ríos que daba testimonio de su fe, me enganché. Lo confieso, tengo debilidad por los conversos, me admira sus vidas de obscuridad y sufrimientos dónde se realiza el triunfo del amor de Dios, dando paso a la luz de la fe, haciéndoles capaces de testimoniar con sinceridad, fuerza y valentía  la existencia de Dios y la resurrección de su Hijo Jesucristo. Siempre vivo en medio de nosotros.

 

  Jimmy, Nueva York  1958 de familia Puertorriqueña humilde y cristiana, (aunque no practicante) de profesión batería. Había trabajado con artistas de primera: Miguel Bose, ketama, Joaquín Sabina, Javier Crahe, Sara Montiel, Luis E Aute…  entre otros.

 

  De joven conoció  la Iglesia Evangélica participando en Ella, tocando con “Viento Recio” y participando en el  grupo llamado “Catacumbas”. Después lo dejó, adentrándose en el mundo más duro, de la mala vida con Mayúscula; en la que estuvo a punto de morir en dos ocasiones; alcohol,  droga y todo lo que se ponía por delante, hasta ser politoxicómano… Dijo que tocó fondo y recupero la fe al morir (de muerte natural) el amor de su vida, embarazada (de siete meses) de mellizos.  Recurrió al Señor.

 

  Conoció a una chica que ante su asombro le confesó pertenecer a un grupo de oración, al que lo invitó; fue, no queriendo pasar de la puerta pero desde la puerta misma, sintió que Dios le decía: “Ven a Mí y ven ¡Ya!” el dijo: “Señor me has “pillao, de aquí no salgo”

 

  Se enroló en un circo como payaso y mimo, llegando a Madrid donde se quedó.

 

  Testimonió diciendo: “yo a Dios sólo lo entiendo por la fe, si no, no hay manera”  “ante la crisis, vivo con temor pero siempre con el Señor por delante” ”dando gracias a Dios por todo y en todo momento, rezo y oro por la familia, los amigos y por todos…” “Reconozco y creo en la Divina Trinidad y en Nuestra Señora. Creo profundamente en Ellos, en Dios Trino. Creo y eso me mantiene vivo”.

 

  Me olvidé de Jimmy con el paso del  tiempo. Un viernes cómo los demás, asistí a mi grupo de oración, al entrar me dio un vuelco el corazón, allí…justo en la silla dónde me suelo sentar estaba él, grueso “hippielondo” con su gorra calada con la visera hacia atrás, reposando sobre sus colgantes orejas adornadas con  pendientes,  tal como lo recordaba, me quede parada… me envolvió la alegría y lo saludé como si fuera un viejo amigo. Ese día teníamos la Celebración de la Eucaristía. Uno junto al otro, oramos, alabando al Señor  recogidos, imbuidos de la presencia del Maestro, nuestros cuerpos al unísono se balanceaban al ritmo de la música; cuando  nos cogimos de la mano en el rezo del padre Nuestro, su mano caliente y regordeta envolvió la mía huesuda, de largos dedos fríos, después  mis labios se hundieron, en sus grandes y mullidas mejillas al darle el beso de la paz… Lo volví a ver el domingo siguiente, tocando la batería en Cádiz, dónde se celebró nuestra Asamblea Regional.

 

  Hoy 12 de Octubre del 2014, seis días después, mientras estoy en oración en la capilla me  llaman para decirme que se han encontrado a Jimmy muerto, a causa de un infarto. He continuado con el Señor; ahora,  sin poderme separar de la persona de Jimmy, sintiéndolo vivo en la presencia de Jesús.  El que confesó desde su pequeñez a  su Dios en público, sin avergonzarse, testimoniándole su amor y su respeto, ha muerto sin nada, ni dinero para enterrarse,  lejos de la tierra y la familia que los vio nacer; pero acompañado por sus hermanos de fe, convencidos éstos, de que vive ya en el Reino del Hijo de Dios  y de María Virgen.

 

 

                                            ¡Felicidades Jimmy, ruega por nosotros!

 

                                                                     ¡Sí, a la vida!

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Published by Botellas a la mar
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