Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
15 agosto 2016 1 15 /08 /agosto /2016 21:11
TRAS EL OLOR DE SU PERFUME

  Llegó la víspera, con los nervios correspondientes, de nuetro viaje a Tierra Santa, ya de madrugada, al bajar la dichosa maleta de la mesa, sin haberla cerrado, desparramé por el suelo todo el contenido, respiré hondo, para no impacientarme y vuelta a empezar.  Casi sin dormir salimos rumbo al Aeropuerto. Llegamos, tomando el primer contacto, con todos los peregrinos,  no conocíamos a nadie, excepto a nuestro Obispo.

 

  El grupo resultó muy bueno, compacto, fuerte, entrañable, nunca hubo el menor roce -al menos que yo presenciara- a la cabeza el Sr. Obispo, tres sacerdotes y un diácono- lo componíamos gente de lo más variopinta, nada beatos, agradables, educados, serviciales, sabiendo estar y aportar, sobre todo; sinceras sonrisas y entrañables detalles.

 

  Embarcamos para Madrid donde se unió el P. Teodoro –franciscano- que sería nuestro estoico e incansable guía. Y… de Madrid, a Tel Aviv; donde llegué, encantada y sorprendida con un Oh, Oh, Oh... continúo, por todo lo que entraba por mis ojos, lo que más me llamó la atención fueron los judíos ortodoxos, -no usaban la kipá, o solideo, visten de negro por ser para ellos el color de la pureza- de largas barbas, con bucles cayéndoles por encima de las orejas, cubiertos con un gran sombrero redondo; sin darme cuenta, me iba detrás de ellos. Allí, nos esperaba el autobús, que nos dejó en el hotel donde estaríamos tres días, -a la orilla del Tiberiades- cena, ducha y cama.

 

  El día cinco abrí los ojos admirada  por  estar ante mí en vivo, el Tiberiades, un escalofrío recorrió mi cuerpo, al ser consciente de que lo que había visto mi Señor, lo estaba contemplando yo.

 

 Caná, donde fue el primer milagro de Jesús con la renovación de las promesas matrimoniales, donde vimos ojitos muy enamorados.

 

  Nazaret, la Casita de la Virgen, dónde mi niña preciosa, hizo su primera comunión, me ahogaba la emoción por la presencia del Señor vivo, por la Virgen, por Fátima, sentía como si el corazón se me ensanchara porque no podía contener todo lo que entraba en el. Fue una celebración acogedora, íntima, -la niña se portó de maravilla- dónde se respiraba, unción, paz, amor… después de rodillas ante la casita, me vino un olor especial embriagando mis sentidos, intenté desecharlo diciendo “María, déjate de tonterías…” pero por tres veces, me volvió a pasar lo mismo. Nunca olvidaré semejante olor. Las homilías de  Don José eran cortas, profundas, se notaba que salían de un corazón experimentado en el amor, te invitaban al recogimiento y a la unión con el Señor. Una tarde-noche aquí mismo, asistimos a la procesión de la Virgen. Estaba "anonadá", no me podía crer que yo, -veintiun siglos después- estuviera allí, alrededor de su casa con jóvenes critianos iraelitas, participando de una misma fe y amor.

 

  Monte Carmelo, gruta del profeta Elías, con la Virgen del Carmen presidiendo el lugar. Aquí, me vi envuelta en un lío;  mi amiga M. Victoria y yo, acordamos, cuando ya no había casi nadie en la capilla cantar el Flor Carmelis, de pronto! Me doy cuenta, de estar  más sola que la una, canta que te canta, creí morirme, con el agravante, que la gente volvió y me pidió que volviera a cantar, me resistí, pero ante el apuro de negarme, ante sus insistencias, temblando repetí. Creo que fue el canto más malo que he echado a lo largo de mi existencia.

 

  Por la noche hora Santa en el Tiberiades, apagaron las luces del barco y lo dejaron suelto, balanceado por pequeñas olas, todo en silencio, a lo lejos, las luces de los pequeños pueblos. Nunca he vivido una hora Santa tan intensa, el alma se me salía. Haciendo que me agarrara a la baranda del barco, al darme impulsos de tirarme al agua, para como Pedro salir andando. A la vuelta Don José vino cuidando a Fátima, cosa que se repetiría a lo largo del viaje, fue admirable verlo y tratarlo por su sencillez, acogimiento, agrado, cercanía, paciencia…todo un ejemplo de vida espiritual. Más que Obispo,  Pastor y Padre, siempre el último, cuidando y guiando el rebaño.

 

  Monte de las Bienaventuranzas, multiplicación de los panes y los peces, Cafarnaúm, dónde me imaginaba a Pedro, todo bruto, faenando de un sitio a otro, Monte Tabor, -nos subio  un chofer hablando del Real Madrid, sin cinturones de seguridad, y conducción totalmente temeraria- Con el rezo de unas preciosas vísperas, donde mi alma parecía que  escapaba.

 

  Jericó, Qumran con las ruinas del monasterio y cuevas donde fueron encontrados los pergaminos, Monte de las Tentaciones, Mar Muerto, con un baño tan singular como el flotar. Betania, El Jordán, aquí renovamos con unción, recogimiento y fervor, las promesas bautismales. La contemplación de Jerusalén a lo lejos, -fue de alucine-destacando la cúpula dorada sobre iglesias, minaretes, torres, mezquitas, cúpulas, sinagogas…   

                                                           

 

                                           ¡¡Sí a la vida!!

 

 

 

 

 

  

 

TRAS EL OLOR DE SU PERFUME

Compartir este post

Repost 0
Published by Botellas a la mar
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

Enlaces