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26 abril 2014 6 26 /04 /abril /2014 18:36

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  San fray María Rafael Arnáiz Barón, Santo.

  Religioso cisterciense, dejó preciosos escritos que testimonian su relación con la Virgen y con el Señor murió con 27 años. Su biografía es muy buen regalo  para la juventud, por ser  modelo de santidad.

  Al contemplar los evangelios de estos días se me ensancha el corazón, por cómo viven y narran los testigos de la Resurrección, su espasmo, gozo y alegría; ver el enamoramiento purificador de la que fue prostituta, convertida ahora en adoradora del Señor Dios, las carreras de Juan el místico, del apóstol negador Pedro, los dos caminantes de Emaús y los once. Y… ¿María! Ella no corre, ni pregunta, ni muestra curiosidad por enterarse qué es lo  ha pasado con su Hijo. ¡No! María tenía la certeza de que Jesús resucitaba, porque sabía que no podía morir para siempre,  el que es la Vida.

  María, allí, a los pies del calvario, en plena muerte de Jesús, en su experiencia más profunda de dolor  convertido en agonía, con el corazón deshecho, está preparada para  recibir conscientemente en plenitud de amor, la inigualable herencia de la humanidad; en las personas de Juan, María Magdalena, las mujeres que le  acompañaban, los ladrones y los brutos soldados. Ahí, en Ellos,  estamos reflejados todos los pecadores; en los que lo han  azotado, escupido, en los que han clavado en la cruz a su Hijo y a su Dios. La Reina, en ese momento inexplicable es capaz de acoger, de estrechar, de guardar, de comprender, de mirarnos con misericordia, como hijos del amor de su corazón. Corazón abierto a la inmensidad de la historia de los siglos, que le hace abrazar a toda la humanidad, a los buenos y malos ya redimidos, hechos uno solo  en el Señor, sabe amar porque ha sido amada con predilección y ya es bienaventurada por todas las generaciones. Ser Madre de Dios, la lleva a ser Madre nuestra.

  María no  dudó, no preguntó, no indagó, no corrió,  no necesito ir y ver para creer, María conocía a Jesús desde su concepción sabía “quién era, de donde venía, y para qué” la Esclava conocía los secretos de su Señor; su poder, sus dones de amor y misericordia; su fe y donación a Dios, la hace Madre por excelencia y Reina del Universo.

                                              ¡Sí a la vida!

 

 

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Published by Botellas a la mar
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