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18 noviembre 2013 1 18 /11 /noviembre /2013 23:23

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  Dedicación de las basílicas de San Pedro y San Pablo. Anteriormente a la Basílica actual hubo otras que fueron destruidas con el tiempo, La que conocemos está edificada sobre la tumba de San Pedro en la colina del Vaticano, mide 212 m. de largo, 140 de ancho, y 133m de altura en su cúpula. Ocupa 15,000 metros cuadrados. No hay otro templo en el mundo que se iguale en extensión. La construcción duró 170 años, durante su edificación, pasaron 20 Sumos Pontífices.

  Santos: Odón, Rosa Filipina, Barulas –niño- Mª Gabriela Hinojosa y compañeras, Beatas. Grimoaldo de la Purificación, beato. Carolina Kózca, Beato Román, diacono y mártir, Patroclo, eremita. Maudeto, abad. Romacario obispo, Teofredo, abad y mártir. Beatos: en Nagasaki, Lonardo kimura, religioso de la Compañía de Jesús, Andrés Murayama, Cosme Tekekeya, Juan Yoshida, y Domingo Jorge mártires, Por el nombre de Cristo fueron quemados vivos en 1619. (Datos de Catholic.net)

  La Palabra nos muestra en el libro de los Macabeos como el pueblo de Israel se aparta de la ley de Dios, haciendo suyo el paganismo de los pueblos vecinos y en el evangelio, el ciego de Jericó pide al Señor el ver.

  La ley del Señor es justa y verad por venir de quien viene, de la sabiduría de Dios, enraizada en su amor supremo, dándonos El mismo, ejemplo de hasta donde hay que llegar, a dar la vida por los demás. Apartándonos de su ley de amor nos apartamos de su compañía. Mientras, que la ley de los hombres, son según los intereses de cada momento, de los que gobiernan: inestables, injustas, frías y pasajeras, nos lleva a ser ordenados, mandados, dirigidos y castigados. Nunca al amor.

  Vivir fuera de los mandatos del Señor hace que perdamos la armonía del hombre total que formamos –cuerpo, alma y espíritu- siendo un grave problema, porque nos hace estar divididos en nosotros mismos, llevándonos a no vivir pletóricamente en la unidad con Dios y con lo Creado, no creciendo en la sabiduría de la verdad, la justicia y el amor que es lo que nos da seguridad, estabilidad y felicidad.

  El alma está compuesta por mente o intelecto, emociones –sentimiento- y voluntad. En el momento que nos abandonamos por dejadez, pasotismo o comodidad, terminamos por ignorar la existencia de nuestro potencial espiritual, el alma sin discernimiento en justicia, en la moral, la verdad y el amor por falta de voluntad termina por enfermar, no siendo conscientes de las posibilidades que disponemos de crecer en madurez, quedándonos empobrecidos, obstruidos, embrutecidos para experimentar la belleza de lo bueno, de los sentimientos más nobles y puros que son los que nos dan libertad y madurez en el discernimiento. Terminamos pues viviendo sin pensar, tomando decisiones sin responsabilidad, huyendo de compromisos serios, dejando que nos cale la manera de pensar y actuar de la sociedad, haciendo sus ideas nuestras; terminamos aborregados, deprimidos y desequilibrados. Sin moral, sin ideales y sin Dios.

 Pidamos como el ciego Bartimeo ver, que Cristo nos ilumine con su Palabra, con su presencia, para no vivir confundidos por el mundo, el demonio y la carne. Que estemos despiertos bajo la acción del Espíritu Santo.

                                      Bebe-42[1]

                                                                                        ¡Sí,a la vida!  

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Published by Botellas a la mar
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