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17 octubre 2013 4 17 /10 /octubre /2013 22:34


ignacio-de-antioquia-8-1-.jpg  San Ignacio de Antioquia, obispo y Padre de la Iglesia. Es el sucesor de Pedro en la Iglesia de Antioquia, el primero que uso la palabra “Católica”. Este santo me acompañó en mi juventud, poniendo fuego en mí con las lecturas de sus siete cartas, escritas desde que salió del puerto de Selemia (Antioquía) para Roma, donde fue echado a las fieras.

  Condenado y custodiado por un pelotón al que llama - diez leopardos-  no se le escapa ni una queja ante su situación, al contrario, muestra su deseo de ser testigo con el martirio de Jesucristo.

  Escribía: “Permitidme ser pasto de las fieras. Trigo soy de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras a fin de ser presentado como limpio pan de Cristo”. “Fuego y más, manadas de fieras, quebrantamiento de mis huesos, descoyuntamiento de mis miembros, trituraciones de todo mi cuerpo, tormentos atroces del diablo caigan sobre mí, a condición sólo de que yo alcance a Jesucristo.

  Quienes recen el oficio divino pueden leer la lectura de hoy de este santo, escrita a los romanos. Merece la pena. Que él nos alcance vivir a semejanza suya, hirviendo de amor por Jesucristo. Así sea.

  Los cristianos no podemos ser fanáticos, sino personas enamoradas de Jesucristo, nunca extremistas exaltados, dominados por la soberbia y la prepotencia, se nos debe conocer por la humildad y el amor.

   Los hombres nos realizamos en el amor que es el que nos da seguridad y sosiego, sin amor no podemos ni sabemos vivir, el principio de toda vida es el amor, y el final de toda vida es el amor y tras a obscuridad de la muerte triunfará el amor. El ser amados por un Dios cercano, fundamento y garantía de todo bien que es relación personal de amor con cada persona ¡Jesús! A quién Dios constituyó sacrificio de propiciación, por El, somos justificados gratuitamente, mediante la fe en su sangre. El, es el único sentido de este mundo, y de nuestra vida personal e individual, nuestro ser se realiza en la relación personal con El, por ser la fuerza de nuestra debilidad, el sostén de nuestra impotencia, el centro de nuestra vida en el que nos sumergimos en el universo de vida y amor que es Dios.

  Permanecer vivos y despiertos en su amor, bendiciendo a Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo. ¡A El todo honor y gloria
                                      ¡Sí, a la vida!                                     Bebe%20(135)[1]-copia-1

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Published by Botellas a la mar
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