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4 febrero 2014 2 04 /02 /febrero /2014 22:53

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  Santa Juana de Valois, reina de Francia y fundadora de la Orden de la Anunciación de la Santa Virgen María. Fue despreciada por su padre por ser mujer, era fea, jorobada y coja; su padre obligó a Luis de Orleáns amenazado de muerte a casarse con ella, se celebró la boda sin que el novio le hablase, ni se dignara a mirarla, únicamente la visita cuando era obligado por el rey. Llegando a ser rey el marido, este anuló de inmediato el matrimonio. Ella se dedicó al Señor en las prácticas de las virtudes, terminando su historia mejor que cualquier cuento de hadas, princesas y reinas. ¡En santidad!

  Siempre es momento de empezar de nuevo, nunca es tarde para volver la mirada a Jesús una y otra vez, porque Él siempre nos está esperando durante toda nuestra vida, sin cansancio, ni agotamiento, lo que le importa es que nos salvemos. De manera que siempre estamos a tiempo para echarnos a sus brazos abiertos, deseosos de ser sanados, curados y fortalecidos. Como pasó con el rey David, un hombre corriente, normal, uno más del pueblo, un pecador, elegido y ungido por Dios, a quién todo le va bien hasta que se separa de Dios, convirtiéndose en criminal, pero es capaz con humildad de volverse al Señor y arrepentido de su crimen, implorar perdón llorando sus pecados, sirviéndolo y amándolo. Los que sienten la misericordia y el perdón de Dios se hacen misericordioso, por esto, es capaz de perdonar a su hijo Absalón, imponiéndose su amor de padre por encima del odio, rencor y endiosamiento de su hijo. A Dios siempre hay que acercarse necesitados, descalzos de soberbia, de lo contrario el muro de la altivez, de la prepotencia nos deja insensibles y ciegos para tocar y ver la grandeza del Creador.

  A los que reconociendo con humildad su necesidad de sanación, se acercan con convicción a Jesús buscando su cercanía, su presencia, su contacto, su intimidad como la hemorroísa que lo hizo distinto a la gente que lo rodeaba, por  tocar su manto con el corazón rebosante de esperanza y de fe. Nosotros tenemos el gozo de tocarlo y amarlo siendo uno con Él, en el sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía, penetrando en su misterio de Dios, conociéndolo como compañero de camino y amigo porque “está Vivo” entre nosotros, con nosotros, comprometido con todo su Ser de Dios.

La fe nos obliga a responder, a no dejarnos llevar de desalientos y cansancios, a no desfallecer, a creer contra toda esperanza como Jairo ante la muerte de su hija. Es a nosotros, a ti, a mí, a quién Jesús dice ¡Levántate! Levántate del sofá, de tu comodidad y negligencias absurdas, levántate y comienza a vivir porque estás muerta.

El que se sabe amado por Dios no tiene más proyecto que entregarse al que le ama, salir a los caminos y vocearlo, chorreando e impregnando de su amor todo lo que toque.

                                                                ¡Sí, a la vida!   

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Published by Botellas a la mar
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