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2 febrero 2014 7 02 /02 /febrero /2014 22:35

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  Santa Catalina de Ricci (Florencia, siglo XVI) dominica, su meditar en la pasión del Señor la adentro en el misticismo. Qué a través de ella el Señor nos bendiga, especialmente a la ciudad de Florencia  que sus habitantes se dejen amar para ser santificados por Él. Así sea.

  Presentación del Niño Jesús en el Templo y purificación de la Virgen. Fiesta de las Candelas, de la Luz. "La Candelaría".

 Entra la gloria de Dios en el templo de mano de su Madre, sin expectación alguna por parte del pueblo, -como todo en su vida sencillamente humilde- el deseado de todas las naciones, el qué purifica y limpia más que el fuego y la lejía, acompañado por su obra más hermosa, por la sin mancha de pecado, la pura y nunca tuvo el templo mayor belleza, mayor limpieza mayor grandeza que cuando se muestra al mundo el que no puede contener ni cielos ni tierra, el dueño del universo, el Dios con nosotros para siempre ¡A Él la gloria y el honor por los siglos!

  Sólo los justos y piadosos que viven con fidelidad para el Señor, sirviendo y esperando gozosos en su Palabra, con la lámpara de la fe encendida, ven la sublime realidad de la llegada de Dios, la promesa fiel de Yahveh hecha realidad en el Niño; qué es Camino Verdad y Vida cumpliendo con la ley como cualquier judío, para ennoblecer su Ley, "de  Justicia y Caridad" ¡Su Amor! Ley suprema por encima de las leyes de los hombres.

  De no romper el diálogo con Dios, su amor nos chorrea haciendonos translucidos, mostrando su imagen, sus dones, siendo el triunfo de su amor en nuestra debilidad, convirtiéndonos en portadores de su Luz. ¡De Cristo!

  Hoy es una fiesta de llamas de candelas, de luz, de alegría. Afortunadamente nuestro Papa habla y mucho de la alegría, de la santa alegría. A mí me avergüenza confesar que siempre estoy contenta -aunque las cosas no vayan como quisiera- durante muchos largos años me acompañó el sufrimiento, era una máquina de hacer de todo lo que vivía dolor, penas, angustias; sabía lo que es sufrir. Hasta que me tocó Dios, me dejo tan fuera de mí y tan en Él, que se acabó. Se terminó el recrearme en el sufrimiento. El toque de Dios es tan tremendamente alucinante que desde la perplejidad, el anonadamiento, la paz, el gozo y la dulzura, te cambian todos los esquemas, se cae todo,  quedando sólo Él ¡Su Amor! Ya no te acuerdas  de lo que has sufrido porque te parece nada ante la inmensidad de lo experimentado, la felicidad es tan inmensa que todo se pierde, todo se olvida, todo es vano, por imponerse la realidad de su presencia siempre viva. No es que dejes de sufrir, es vivirlo distinto, desde Él, y…hay más alegría en su compañía que dolor en nuestros sufrimientos en soledad, su dulzura hace suave su yugo de amor y toda carga ligera, es vivir desde otra vertiente, la de Dios ¡Quién quiera que lo compruebe!. Cuándo hay amor este no se instala y se queda para uno mismo, -para regodearnos en nosotros - el amor siempre vuela.

  Si queremos lo mejor para nuestros hijos imitemos a Nuestra Madre; consagrémoslo a Dios, en una entrega, una donación, una confesión de fe, garantía de la protección de su gracia y misericordia, que los librará del mundo, el demonio y la carne, de esta manera tendremos sosiego y podremos descansar en paz.  

                                                                                    ¡Sí, a la vida!  Bebe-37[1]

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Published by Botellas a la mar
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