Overblog Todos los blogs Blogs principales Religión y Creencias
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Publicidad

¡Siempre al lado del Señor!

¡Siempre al lado del Señor!
Publicidad

 

 

    Los amonitas eran descendientes de Lot, doraban a dioses paganos, estaban muy preparados para la guerra, siendo un pueblo semítico por venir de Set, hijo de Noé, se singularizan por sus costumbres y lenguaje, (de la raíz de su lenguaje, viene el habla de fenicios, judíos, árabe, arameo, hebreo, etíope.- al igual que del latín que trajeron los romanos, deriva el español, francés, italiano, portugués, gallego, catalán).

 

    Nahas (cuyo nombre significa; -serpiente, igual a astucia, peligro, amenaza y oposición a la voluntad de Dios). Capitaneaba el ejercito que cercó la ciudad de Jebes de Galaad. Los               Jebenitas se olvidaron totalmente de  Dios, no pidiendo su ayuda, prefirieron someterse al enemigo sin luchar por miedo a ser atacados, saqueados y asesinados. Pidieron a Nahas, hacer una alianza, aunque tuvieran que servirles. Nahas creyendo que nadie los defenderían por estar los israelitas entre ellos muy divididos, vio la oportunidad de ganar fama y hacer un gran agravio a todo Israel, al mismo tiempo, aceptó, con la condición de sacar el ojo derecho a todo los hombres, así, tenía la garantía de dejarlos inutilizados para la guerra, ya que al tener que taparse el ojo izquierdo, con el escudo para su defensa, no verían. Se aseguraba tenerlos sometidos sin luchas.

 

    Saúl, había sido escogido por el Señor y ungido por el profeta Samuel, como el primer rey de Israel, continuaba trabajando en el campo, ignorando que debía de hacer, al ser inexperto en todo confiaba que el Señor se lo diría. Así, resultó, Dios lo capacitó sacándolo de detrás de los bueyes, enfrentándose a la situación, fue capaz de unir al país, reuniendo un ejercito para defender a los sitiados, liberándolos del opresor.

 

    Los estudiosos de la biblia, ven que hay similitud entre Nahas el adversario de Israel y el maligno, que es enemigo de Dios y el nuestro. Nosotros como cristianos carismáticos no podemos olvidarnos nunca de le presencia del Señor , ni actuar a espaldas de Él, sin pedir, ni contar con su ayuda. No ver a Dios como lo que es, !Dios sobre todas las cosas! que nos lleva al amor más limpio, nos fatiga y desorienta, terminamos normalizando una rutina de pecados, ya que en la vida de todo hombre hay una continúa lucha entre el bien y el mal, donde mostramos de respuestas nuestros actos, en el día a día, sobre todo en la adversidades.

 

     Dios desde siempre ha estado presente en la vida del hombre, y en el nuevo testamento, a partir de Pentecostés... ¿Cómo mora dentro de nosotros, en nuestro ser! si fuéramos consciente de esta realidad, de ninguna de las maneras viviríamos al margen de Dios. Estamos acostumbrados a actuar la mayoría de las veces sin reflexionar y menos aún a preguntar al Señor que debemos de hacer, ante nuestras circunstancias y problemas. Vivimos desdoblados por una parte queremos seguir a Jesús, por otra, vivimos inconscientes de su presencia, olvidando al huésped del alma y... ¡no! Él está para algo, pero... ¡no terminamos de creerlo!, es tanta la zozobra, el embotamiento, la confusión, la rapidez con la que vivimos que terminamos ignorando la la perla escondida, el tesoro que llevamos en el corazón, al que no hay que buscar, ni encontrar, ni llamar porque está siempre, noche y de día, convive con nosotros. Y... ¡sí nos va!.

 

    Al igual que Saúl nosotros hemos recibido la unción del Señor, y más aún, se ha quedado con nosotros; actuando, ayudándonos. Si recurrimos a Él, reconociendo humildemente que necesitamos su auxilio, por entender que nada podemos por nosotros mismos pero sí, con su unción, su querer y su fuerza. Tenemos que vivir con los ojos puestos en el Señor, siempre esperando su misericordia.

 

    No hay nada más humillante para el hombre que el pecado, ser hijos elegidos y fallarle a nuestro Señor, al no reconocer nuestros errores, humildemente. Sí, somos pecadores pero no vivamos fuera de su presencia, volvamos rápidamente al redil. Si caemos levantémosnos, ¡siempre ante sus pies!. Nunca debemos hacer de nuestros actos una rutina, una costumbre de faltas y pecados, no podemos ser consentidores de nuestros defectos, tenemos que luchar que trabajarlos por amor a Dios y al prójimo, No nos conformemos y menos aún digamos: “¡yo soy así!”, si eres así y amas a Dios ¡cambia!. No compartamos nuestra vida con el mal, somos de Dios y tenemos que aspirar siempre a Él. No caigamos en la apatía, en el desanimo, haciendo una rutina de vida ramplona, insulsa, desabrida, -ni fu ni fa.- Aspiramos a la luz, a la verdad, al amor sin limites, tengamos el corazón, el alma levantados al Señor, que Él actúa. Ya, que tiene por nosotros más interés que nosotros mismos. En esto, tenemos maestros que nos enseña como debemos proceder; San Pedro, San Pablo, o San Agustín, entre muchos otros. Dios siempre busca al pecador y el pecador que se vuelve a Él con humildad, siempre encuentra unos brazos abiertos llenos de misericordia y perdón, pero tenemos que empezar por reconocer nuestros pecados.

 

    Al Señor solamente le tenemos que decir un sí, un sí sincero con todas las consecuencias, y el nos acompaña, nos indica, y realiza las obras de sus manos a través de nosotros, junto con nosotros. El Señor normalmente escoge lo humilde, a Saúl lo sacó del campo de detrás de los bueyes, a David de las ovejas, a los apóstoles de sus sencillos oficios, no los llamó por su sabiduría o formación humana porque siempre es el Señor el que actúa a través de nosotros, llevando a cabo su obra, no nos pide nada más que nuestro consentimiento ya, que Él nunca nos obliga a nada .

 

    El compromiso de los que pertenecemos al Señor es darnos en su nombre, con diligencia, allí donde estemos, con los brazos y el corazón abiertos a la familia, amigos, a nuestros grupos... siempre acoger poniendo paz, pidiendo e intentando que todos crezcamos en el conocimiento de Dios; en la oración, la alabanza, en el entrega, no improvisar por dejadez, por falta de organización, ser consciente que debemos darnos, acompañando, escuchando, haciendo realmente un servicio a los traídos a nuestras vidas por el Señor.

 

    Los estudiosos de la biblia ven similitud entre Nahas el enemigo de Israel y nuestro enemigo espiritual. ¡El demonio! existe, y nos ataca el quiere que nos rindamos que le sirvamos, nos intimida, nos humilla, quiere quitarnos la capacidad de lucha, sembrando el mal, la confusión, los males, las guerras y la mentira, nos ciega porque tiene interés en que no tengamos relación con el Señor. no podemos perder la capacidad de distinguir el bien del mal, del discernimiento. El maligno no nos puede hacer nada, sin nuestro permiso, nunca le debemos de tener miedo. Simplemente, no podemos servirles, olvidándonos de nuestro Señor.

 

    Las respuestas humanas se ven ante la adversidad por lo que tenemos que invocar al Espíritu Santo para ser valientes, afrontando los desafíos, estando en su presencia , no le debemos de tener miedo a nada, todo conflicto, todo problema, toda desgracia la tenemos que vivir en clave de fe, de esperanza y con la disposición de que triunfe su amor. Así sea.

 

                                                         

                                                                

                                                                                                  ¡Sí, a la vida!

 

 

Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post