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¡Amar a Dios es amar a toda la humanidad, a toda la creación!

   ¡Amar a Dios es amar a toda la humanidad,                                                                                    a toda la creación!
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    En Rm 10,9 S. Pablo dice que si confesamos que Jesús es el Señor y creemos que Dios lo resucitó, somos salvos. Y en Efesios 2, 8-19: "por gracia sois salvos por medio de la fe, no por vuestras obras, para que nadie se gloríe, ya que es don de Dios, porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obra". Mateo 22,37-39 afirma: "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente, éste es el primer mandamiento y el segundo, amarás a tu prójimo como a ti mismo". Y en Juan 13,34: "os doy un mandamiento nuevo; que os améis los unos a los otros, como yo os he amado". O sea, a los cristianos nos tienen que conocer por el amor que derramamos, de lo contrario, seremos cualquier cosa pero no seguidores del Señor, no teniendo derecho a decir amo a Dios, porque es mentira.

 

    Si Dios nos ama incondicionalmente, ¿no vamos nosotros a querer verlo y amarlo en el interior del prójimo, si Él mismo, nos dice que es ahí dónde habita? Queremos recibir toda clase de favores de Dios pero nos cuesta dar y menos darnos. No nos duele el dolor de los demás, sólo el nuestro y lo nuestro, pero... si queremos alcanzar misericordia del Señor tenemos que ser misericordiosos. S. Gregorio Nacianceno pregunta ”¿Hay mayor pecado que el de no tener Caridad?"

 

    Seguimos a Jesucristo, Él es el camino que recorremos con su Espíritu, sembrando amor hecho con obras de misericordia, no podemos obstaculizar, ni arrasar la simiente que estamos obligados a regar con nuestros pequeños actos de amor, viendo en las personas, al mismo Jesús sobre todo en los pobres que sufren las desigualdades sociales, injustamente. Tenemos que creer de verdad que es el mismo Señor el que sufre en cada hombre.

 

    Tengo que tener claro que Jesús, está en cada persona y es a Él, a quien amo en el otro. O sea, no basta con decir; “creo y amo a Dios”, si no amo a los hermanos, como a mi misma. Siendo, que el amor del Señor en mi, es el que envuelve a los hombres ¡todo lo demás es vivir en el engaño! Está bien claro en la Palabra de hoy que refleja el juicio en el que nos veremos en el final de los tiempos. En la exposición del evangelio el Señor lo deja cristalino, tuve hambre y sed y me disteis de comer y de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me vestisteis, enfermo, o en la cárcel y me visitasteis. Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos a mí me lo hicisteis. De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de ellos, a mí no me lo hicisteis. La confirmación de esto está en Hech. 9,4 Jesús le dice a Pablo en primera persona: ¿Por qué me persigues? Pablo buscaba a los cristianos, no a Él, a quién no conocía, no lo había visto nunca. En esta Palabra está los dos mandamientos que integra al resto, ¡Amar por encima de todo! ¡Sí, somos salvados por gracia! Pero... tenemos el mandato de amar con misericordia, viendo en cada ser humano a Jesús, la medida del amor a Dios es la misma en que amemos sobre todo a los desamparados, si pasamos de ellos, lo despreciamos, o le hacemos daño es al mismo Señor a quien herimos.

 

    ¿Entonces, que es lo qué nos pasa? Estamos enamoradísimas de Dios y en vez de crecer en el amor que nos impulsa a salir de nosotros, para escuchar la música profunda del corazón de cada persona, por ser esa música Dios mismo, los buenos deseos lo olvidamos, se esfuman. Un ej muy significativo; normalmente nos casamos con nuestro príncipe azul, o princesa... a quien hemos escogido, queriéndolo apasionadamente, más... a través del tiempo es una castaña el sobrellevarlo en la convivencia; nos impacienta e irrita, viéndolos; rudos, bastos, gordo, impertinentes, pesados, molestos, chinches y puede que hasta calvo, feo y mucho más... ¡desapareció el príncipe, se esfumó! con el que creíamos que seriamos felices para siempre. ¿Ha crecido el amor? !No! Sin embargo, algo tendrá esta persona dentro de si según el Señor, no esta hueca ya que ahí habita Él mismo! ¿hemos buscado su imagen, hemos sido capaces de verlo, mirando con bondad y misericordia? ¿nos interesamos por la persona que tenemos enfrente por ver y escuchar al niño, al joven que fue nuestro príncipe? ¿Nos examinamos en las relaciones y actuaciones con los demás? El amor es Dios y los que decimos amarlos, tenemos que poner el corazón en nuestras relaciones, tocando tal y como Dios nos toca.

 

    Hay mucho que orar, no podemos entrar, situándonos en la dinámica de este mundo; consumiendo, derrochando lo que a otros les faltan, usando más de lo que necesitamos, estamos obligados a vivir con moderación. No es sólo dar limosna, debemos respeto, acogimiento, compresión, escucha... ¡Tenemos que ser evangelio vivo!, mandamientos de Dios activos. ¡Por el hecho de querer ser seguidores de Jesucristo! Es la única manera de amar, no el decirlo de boquilla, sino amando. No es sólo la desnudez de la ropa la que hay que cubrir, que indudablemente hay que hacerlo, es también el hambre de amor, tratar con la dignidad que merecen todos los hijos de Dios. Los que caen en la calle, viviendo de limosnas, careciendo de quien los quiera, son los excluidos de la sociedad, a ésto, tenemos que dar respuesta. No se trata de morir de hambre pero sí de compartir con generosidad, conforme a nuestras posibilidades.

 

    Sí, se nos cae la baba con Jesús pero no lo cuidamos en los pobres, siendo unos inconsciente que no terminarnos de enterarnos de lo que va el Evangelio ¿No decimos que le amamos? ¿cómo lo amamos? Al final ¿vivimos en la mentira y nos la creemos? Está muy bien que lo acompañemos en el Santísimo, adorándolo, alabándolo pero... todo esto es falso, si no llegamos a ver en los hermanos el rostro de Jesús. San Gregorio nos dice: "El termómetro del amor a Dios es exacto a como hallamos amado a los pobres".

 

    Darnos es todo ventaja, ya que el Señor es de alucine porque si compartimos el pan, Él se nos da como pan en la Eucaristía, si le damos limosnas Jesús nos da su Reino, si lo vestimos, Él nos perdona los pecados y nos viste con su gracia. San Lucas nos dice: "Vended lo que poseéis y dad limosna, den y recibirán, lo que den a otros les será devuelto por completo, porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón". Que nuestro tesoro siempre sea Jesús y en Él esté siempre nuestro corazón. ¿Qué hemos hecho este año por los pobres? ¿Partiendo que el necesitado siempre es Cristo?

 

    1P 4, 8 "Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados". Nuestra vida se basa en el amor, todo lo que no sea amar es negar a Dios, es oponernos a la misión de amor que es su voluntad. Amando es a Jesús a quien permitimos amar, por ser Él quien ama a través de nosotros, esta unión de amor es comunión total entre Dios y sus criaturas.

 

    S. Lucas también nos dice: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre celestial es misericordioso” y nuestro Padre lo demuestra al acercarse a nuestros sufrimientos, miserias, pecados, dolores... con compasión y Jesús nos dice: “Sed santos como vuestro padre celestial es santo”. ¿Estamos dispuesto a vivir esto, realmente queremos? Dar y darnos en nuestros recursos, tiempo, comodidades. Nuestra fe se debe de manifestar en obras de misericordia. ¡Que es el amor de Dios a los hombres! ¡Que así sea!

 

                                                                           

 

                                                           

                 

                                                                      ¡Sí, a la vida!

 

                                                                               

 

 

 

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