“El que lleva la carga” es el significado del nombre de Amós, éste, no pertenecía al grupo de los profetas, era un humilde pastor en Judá, en el reinado de Uzía y Jeroboán II rey de Israel. El Señor lo sacó del rebaño, enviándolo a profetizar; denunció la falta de moralidad en lo humano y religioso, por la codicia y opulencia de los poderosos, estando los pobres oprimidos por la miseria, condenó la vida corrompida, acompañada de celebraciones de ritos vacíos, en los que no se comprometían ni con Dios ni con el pueblo. Les vaticina que el defensor de la justicia los castigaría. Volvió a sus anteriores quehaceres cuando lo expulsaron de Israel. La sentencia de Amós se cumplió, al ser los israelitas deportados a Siria.
Amós se dirige a un pueblo que se sabe elegido, convocado, bendecido, amado entre todos los pueblos, tiene conocimiento de Dios de sus promesas , pero esto, no les bastas para respetar y andar con lealtad ante quien los escogió. Los poderosos y dirigentes de la nación estaban tan ocupados en sus riquezas, querencias y poder que olvidan el bienestar de los que son gobernados, no siendo capaces de reaccionar, al estar perdidos en las atracciones del mundo. Terminan alejándose de quién les ama y protege, rompiendo la alianza.
Vemos que al no vivir desde Dios el mundo se hace muy cruel por las injusticias de los hombres, por el egoísmo de mi yo por encima de todo, podemos comparar el pasaje que hemos leído de Amós con lo que vivimos en la actualidad, es lo mismo. Gobernantes, mandatarios ciegos de poder que llevan a los pueblos a guerras que destruyen y matan. Así, con la corrupción de la justicia, ejercen la autoridad, el control arbitrariamente, suscitando la discriminación, con la corrupción, la opresión del poder, permitiendo las desigualdades económicas, esto repercute en que mientras una minoría viven en el esplendor por abusos de las riquezas que son de todos, otros, malviven o mueren, faltándoles lo básico e imprescindible para una vida digna, careciendo: de libertad, vivienda, energías, agua, alimentación, sanidad, educación, trabajo... Donde no está Dios y sus mandatos todo se vuelve caos y corrupción.
Dios siempre es el que da el primer paso para encontrarse con el hombre, este acercamiento no es para un rato, cuando me atraiga y distraiga, es para toda nuestra vida, pasa a ser una relación que nace en lo profundo del corazón, atrapándonos, es tan viva que nos envuelve por completo. Cuando se anda con el Señor ya nada nos puede apartar de Él, nos cambia todo, la percepción de las cosas, la disposición del corazón, la compresión, la escucha, nuestra donación. A Dios no lo podemos manipular ni compartir indebidamente con nada, ni nadie, si nos alejamos de su presencia, terminamos rompiendo la relación con Él. Por su misericordia sabiendo de nuestra fragilidad, espera sin cansancio con los brazos abiertos, cuando arrepentidos lo buscamos, queriendo ser limpiados y perdonados. Lo que no podemos es querer vivir conforme a Dios y al mundo, de esta división nos vienen todos los males. Por lo que al errar inmediatamente debemos acudir de nuevo a Él.
Los elegidos que recibimos tanto, no podemos actuar de espaldas al Señor, haciendo lo que nos venga en gana, tenemos una responsabilidad de fidelidad y testimonio, la de mostrar su gloria, siendo luz, amor y bendición para todos los que nos rodea. Vivir apartadas del Señor, es vegetar, incapaces de vivir en plenitud, actuamos de manera superficial, sin desarrollarnos como personas humanas, espirituales. No es lo mismo caminar solos desesperanzados que hacerlo junto al Maestro, no es igual, proceder por nuestra cuenta que con la fuerza del Espíritu, con el Señor hasta las más dolorosas de las vidas merece la pena, porque Él la hace diferente, sabemos que estando el Señor todo va a terminar bien.
No podemos pretender relacionarnos con Dios desde la injusticia, el mal siempre trae desacuerdos, confusión y guerras, que nos desequilibra, todo lo que no sea correspondencia a su Amor, oscurece nuestra mente y todo nuestro interior, terminamos llenos de ídolos; como la riqueza, el poder, el prestigio, la sexualidad, el juego y un etc. etc. todo esto pasa a ocupar el lugar de Dios. Si hemos decidido seguirle, estamos obligados a hacer nuestro, el primer mandamiento, de ¡amar y respetar, siendo fiel a Dios sobre todas las cosas!
Caminar con Jesús al encuentro del Padre es hacerlo en esperanza y gozo, en un preludio de lo que allí viviremos. El sabor intimo, el regusto la vivencia de experiencia que da el contacto con el Señor nos mueve el corazón y ésto, sólo viene de Él por lo que es importante buscar su cercanía y amistad, teniendo disposición para intimar con Jesús que desea ardientemente convivir con cada uno de nosotros. Pero en esta relación no cabe falsedad, ni desconfianza. No debemos tener miedo de caminar, no sabiendo a donde vamos porque en realidad lo hacemos acompañados del Señor, a una eternidad viva de amor, donde viviremos para siempre. Nunca hay comunión con Dios si no hay paz, justicia y amor, lo contrario es vivir sólo para la muerte.
¿En nuestra simplicidad qué podemos hacer nosotros en esta cuaresma, en un mundo tan revuelto y confuso? ¡No apartarnos de Cristo! somos totalmente consciente de la realidad de su existencia, de su presencia viva, no nos separemos ni un instante de Él. Oremos sin cansancio, presentándole a todos los hombres, al mundo, pidiendo por todos y hagamos lo que hagamos los ojos fijos en el Señor, en cada respiración, esforzándonos en nuestra pequeñez, con nuestros simples actos de cada día, en haciendo real su amor y misericordia alrededor nuestro. Que así sea.
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¡sí, a la vida!