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Caminando a la luz de su rostro

                                                        

San Inocencio de la Inmaculada. Pasionista, mártir. Vemos en la primera lectura lo tremendo de Jonás, el profeta de Dios, que está que trina por la conversión de los ninivitas. El hubiera preferido el castigo sobre Nínive. Una vez más, se nos muestran los pecados de los elegidos, todos pecadores, que convertidos, levantan el corazón y el alma a Dios pidiendo piedad, porque el Señor grande que hace maravillas, es siempre compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en clemencia; nos santifica con su amor al no mirar el pecado, sino la profundidad, el interior del corazón humilde del pecador arrepentido. Con Él nunca es tarde para empezar de nuevo.
 

      Jesús, nuestro Jesús, el Hijo de Dios, nos toma de la mano, introduciéndonos en su más honda intimidad, en su corazón, dónde nos hace gustar de la común-unión de la dulzura del Amor del Dios Trinitario; que siempre nos lleva una vez convertidos, de vuelta al prójimo, a la comunidad, porque Dios es todo donación para cada hombre y el roce con El, su amistad, su trato, su relación termina haciéndonos don de Dios, fruto de su amor para nuestro bien, el de la Iglesia y la humanidad.

         A Dios nunca hay que tenerle miedo si nos desvestimos de la soberbia y nos entregamos a Él, en debilidad: con nuestros miedos, impotencias, falsedades, vicios, deseos, pecados. Nos lo dice San Ignacio de Antioquía en su preciosa carta: “Revestíos de mansedumbre y convertíos en criaturas nuevas por medio de la fe, que es como la carne del Señor, y por medio de la caridad que es como su sangre”. Y es que el Dios Todopoderoso y Grande, mantiene eternamente su favor, su alianza con nosotros siempre es estable, sus promesas las cumple, su fidelidad es eterna.

          Nosotros el Pueblo del Señor proclamemos sus maravillas, caminando a la luz de su rostro, su nombre sea nuestro gozo cada día, su justicia nuestro orgullo; El, es nuestro honor y nuestra fuerza porque el Señor es nuestro escudo y el Santo de Israel nuestro Rey. La fuerza que tenemos nosotros, los débiles. ¡Cristo! fuente de amor y causa de la vida.

                                                     ¡Sí, a la vida!  Bebe-20-140--1-.gif                   

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