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Sobre el año 51 D. C. en el segundo viaje misionero de Pablo, acompañado de Silas y Timoteo, fundo la iglesia de Tesalónica (Grecia) encontrándose con la oposición de la comunidad judía, a tal punto que una turba alterando a la población lo expulsó de la ciudad, quedando los recién bautizados confundidos e intranquilos. Los días que habían convivido no fueron suficientes para orientarlos, ni afianzar la fe en la iglesia naciente, por lo que la dejó débil y necesitada. Por su deber de apóstol, Pablo deseaba regresar para fortalecer a los creyentes, siendo imposible como el mismo nos cuenta.
Pablo les escribe como pastor y maestro, para animarlos y afirmarlos en su fidelidad, manifestándoles su preocupación por ellos. Con cariño de padre les corrige y aclara sus inquietudes y equivocaciones teológicas, los exhorta al buen comportamiento, los ánima en el crecimiento espiritual, personal y de iglesia, les aclara sus dudas sobre los últimos tiempos, dándoles seguridad de que los que mueren en Cristo, resucitarán, los anima a vivir con moralidad agradando a Dios, a no aprovecharse ni perjudicar a los hermanos. Al saber que habían algunos sin hacer nada esperando la venida de Cristo, les pide que trabajen, ganando su sustento a la vez que el respeto de los no creyentes e incluso de los creyentes, Siempre comienza y termina con plegarias de acción de gracias y bendición, mostrándonos el poder de las suplicas y la oración que nos une dentro de la iglesia, fomentando el espíritu de unidad y apoyo en medio de las pruebas. Todo esto debían vivirlo en una ciudad hostil y pagana, por lo que no sería fácil.
Pablo termina mondándoles a Timoteo del que dice que es colaborador de Dios en el evangelio de Cristo, para que los acompañen y conforten en sus sufrimientos y se mantuviesen firmes en Cristo y enraizados en la caridad. A la llegada de Timoteo la situación de los cristianos tesalonicenses era muy complicada por la persecución a la que estaban sometidos, pero se habían mantenidos motivados por el amor esperanzados en el Señor. Timoteo se encontró con una iglesia en crecimiento, perseverante en la fe. Pablo ya les había predicho que iban a sufrir en las tribulaciones, diciéndoles: “ya sabéis que este es nuestro destino” y es lo que sucedió. Sin embargo, la gracia de Dios les tuvo que calar a los tesalonicenses para no flaquear en su relación con el Señor en semejantes circunstancias. Jesús, ni los apóstoles nos engañan, prometiéndonos que vamos a tener éxitos mundanos, libres de problemas ¡no! Al contrario, nos dejan claro que al reino entraremos después de habernos mantenidos fieles en toda clase de dificultades y padecimientos. Los apóstoles y los santos en los mayores padecimientos, nos muestran su perseverancia con la fuerza de Cristo, ante; los pecados, desprecios, persecuciones, fracasos, enfermedades, muertes... carencias de todo tipo. En lo que nos atañe y es nuestro, demostramos tener una gran capacidad de sufrimientos, pero... ¡Cuánto somos capaces de sufrir por la iglesia, por el mundo, por el prójimo? San Policarpo nos dice: “mantente firme en el yunque bajo los golpes porque un gran combatiente no sólo debe de ser abofeteado, sino también prevalecer” En cada vencimiento personal que hagamos en el Señor, crecemos espiritualmente, haciéndonos más fuerte. Tengamos en cuenta que las tristezas y las alegrías aumentan la capacidad del corazón para más amar.
Me admiro en mi debilidad de la fuerza en el sufrimiento de personas como nosotros que una vez que se encuentran de cara con el Señor, se mantienen firmes en el mayor de los sufrimientos. Hay muchos ejemplos, Etti Ellesum, Edifh Stein, que tras sus encuentros con el Señor fueron capaces de morir con paz y gozo, amando incluso a sus verdugos. Teresita siendo una niña, prefería que su madre muriera, para que fuera feliz con Dios antes que con ella. Cómo vemos es una manera de ver pensar y sentir, distinta a la nuestra, que aún creyendo en la existencia de Dios, en la resurrección de los muertos, teniendo experiencias del Señor, nos paraliza el pánico sólo con pensar que un ser querido se vaya de nuestra vida, cuan lejos estamos de comprender e interiorizar la voluntad de Dios, cuando no concuerda con la nuestra.
Debemos tener presente que como todos los humanos vivimos lo que nos llega, pero... con una gran diferencia, mejor, tremenda diferencia, todo lo aceptamos y vivimos con Cristo, sabiendo que nuestro vivir es totalmente distinto al contar con su gracia, con su compañía, esto es lo que nos tiene que distinguir, el vivirlo todo en honor de Dios, con la gracia del Espíritu, ¿Creemos realmente que Jesús está con nosotros, que al igual que la barca de Galilea que no se hundió, nosotros de la mano del Maestro, llegaremos a su puerto? Tenemos que ser consciente que Jesús !siempre es la recompensa de nuestra fe!
Deseemos y pidamos que el Señor nos transforme totalmente haciéndonos crecer en gracia para que su voluntad sea nuestra voluntad, abandonémonos, en Él, reconociéndolo en todo, que Él guie siempre nuestros pasos, No sabremos nunca lo que es vivir si no es con el Señor, en el Señor y desde el Señor, nuestra única riqueza. No podemos, ni debemos aspirar a nada que no sea Él, en Jesús estriba toda nuestra vida, nuestra fortuna y nuestra fuerza. Nada en este mundo, ni nosotros mismos, vale lo que nuestro Dios ¡nada! ¡sólo el Señor! Esto, no es vivir de manera inhumana, ¡no! Es querer más, por ser... ¡amar a lo divino! Si amamos desde nosotros, lo hacemos de manera, simplona, desde nuestros criterios, desde nuestros puntos de vistas, con egoísmos, si amamos desde Dios lo hacemos a lo grande ¡con su mismo amor!
Me quedo pasmada al tomar conciencia de lo que dice Pablo: “que el Señor nos haga crecer y abundar en amor, unos para con otros y para con todos, que el afirme vuestros corazones que os haga irreprochables en santidad delante de Dios nuestro Padre" Pablo con sus palabras nos induce a querer con voluntad firme la santidad, sabiendo que el sufrimiento es la prueba, la autenticidad de nuestro querer.
¿Estamos aquí cada martes para pasar un ratito tranquilo, agradable que no nos compromete en nada? ¡no! Estamos aquí porque por nuestra creencia en Dios tenemos con Él un compromiso de amor, como es; amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a mi misma” porque si realmente mi relación con el Señor es seria, sincera, al igual que Timoteo, tenemos que ser colaboradores de Dios en el evangelio de Cristo. No tratamos con un Dios allá a lo lejos, invisible abstracto ¡no! Tenemos relación con un Dios vivo, cercano, intimo que respira en ti y en mi, no lo cubramos poniendo capas de frialdad, indiferencia, apatía, de cosas e ídolos que cubren su rostro.
Las cartas de Pablo tenemos que releerlas una y otra vez porque aún hoy, están vivas, nos instruyen en la fe, en la esperanza de la resurrección de los que creemos en Jesús, del sentido de la solidaridad en la comunidad cristiana, a vivir conforme a Dios en el amor, a que nuestros ejemplos sean más que nuestras palabras, ya que con los buenos actos edificamos y nos animamos los unos a los otros. Pablo en 1 Crt dice: “doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en Él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y conocimiento, en la medida en que se ha consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo. Así ya no os falta ningún don de gracia”, O sea, ¡no nos falta nada lo tenemos todo en Cristo! No antepongamos nada al Señor, que Jesús sea nuestra pasión en el vivir de cada día, respirándolo, dándolo, no siendo obstáculo al amor de Dios. Que así sea.
¡Sí, a la vida!
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Tesalonicenses 3, 1-5