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Suavidad y silencio

                                                                                  

     Festividad de S. Tomás de Aquino por su suavidad y silencio lo apodaron el “buey mudo” ahora lo conocemos como “Doctor Angélico” cuando fue canonizado por Juan XXII algunos objetaron que no había hecho nada relevante; ni en vida, ni después de su muerte, a lo que el Papa respondió; "Cuantas proposiciones teológicas escribió, tantos milagros realizó".

     Nuestra fuerza es Cristo, nuestra salvación, Él realiza en cada uno de nosotros su misericordia, librándonos de todo temor, apartándonos de nuestros enemigos, santificándonos con su amor, haciéndonos salir de nosotros mimos, de todo lo que tenemos por nuestro, para dejarle lugar, permitiéndole, ser ocupados y mantenidos por Dios, para que dejemos la obscuridad del pecado de nuestra humanidad y vivamos de la voluntad divina de Dios. ¿Cuál es mi fe? ¡Jesús! ¿Cuál es mi esperanza? Jesús

     Jesús, sólo Él, es el culmen de nuestra fe y de nuestra esperanza, ante Él, todo desaparece queda sólo la Luz y el Amor ¡Jesús! el que reina en todo y para siempre. Si Él está y reina, no hay lugar al miedo. Todo lo que nos rodea, zarandea y nos conmueve, desencajonándonos de la realidad de Dios, sucede por no vivir “de y en el Espíritu Santo” el Señor y dador de vida. Que nos lleva hacia horizontes y orillas nuevas.

     Tenemos que desaparecer, vivir en abandono, en unión total, estando continuamente colgados de las manos de Dios, creyendo que es nuestra única seguridad.

     Amemos a Dios con todo nuestro pensamiento, con todas nuestras fuerzas, con todas nuestras entrañas, con toda el alma. Tenemos que permitir que la verdad se encarne en nosotros, para que nos haga luz, hombres de manos inocentes y puro corazón, que no confiemos en ídolos sino en Cristo ¡¡¡El Señor!!!!

     Dios nuestro que al igual que S. Tomas de Aquino guardó tu Ley en su corazón y anhelo la santidad, tus sacerdotes sean fieles a Ti, a sus promesas, que se vacíen de todas las cosas de este mundo, dejándote reinar como su único Dios, para que santifiques sus corazones, te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.

                                                                          ¡Sí, a la vida!           

                                                                    

 

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