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¡Te amo Dios mío!

      El cuatro de Agosto celebra la Iglesia a un santo francés, San Juan M.ª Vianney. De familia humildísima, torpe como él sólo, (con exageración) declarado prófugo y desertor del ejército. Lo despidieron del seminario por falta de salud y por ser incapaz de aprender latín. El perfil, de un inútil llamado a no dejar rastro, ni historia. Pero… El Todopoderoso, lo es. Y sus designios son inescrutables. Y de éste, menos que nadie, el Señor hizo maravillas en él, y a través de él ¡Gloria al Señor! Lo ordenaron de pura lástima, pasó cuarenta años en una insignificante aldea llamada Ars, y con su humildad y sencillez, formó el escándalo hasta el día de hoy. En permanente oración y penitencia se dedicó a los niños, a los enfermo, a la dignidad del culto, a ennoblecer el templo, a ayudar a los compañeros sacerdotes, tal era su labor que disminuyeron los vicios y abundaron las vocaciones.

       Al ignorante, llegaban en aluvión para consultarle toda clase de gentes; sencillas, intelectuales, obispos, políticos. Confesaba infatigablemente dieciocho horas al día, comía poco y dormía sin colchón. El que parecía inservible fue declarado por Pio XI Patrono universal de los sacerdotes seculares.

         Pidamos por intercesión de él por todos nuestros sacerdote, y grandes y santas vocaciones, matrimoniales, sacerdotales, misioneras y religiosas.
Todos los jóvenes por favor preguntaros ¿Cual es mi vocación? Sin olvidar que la primera es la santidad, pero… ¿Dónde? Preguntémosle al Señor ¡Feliz domingo!

 Os dejo una oración que está compuesta por el Santo

                                                  TE AMO OH MI DIOS

Te amo, mi Dios y mi solo deseo es amarte hasta el último respiro de mi vida.
Te amo, Oh Dios infinitamente amable y prefiero morir amándote antes que vivir
un solo instante sin amarte.
Te amo Señor y la única gracia que te pido es aquella de amarte eternamente.
Dios mío si mi lengua no pudiera decir que te amo en cada instante, quiero que
mi corazón te lo repita tantas veces como respiro.
Te amo oh mi Dios salvador porque has sido crucificado por mí y me tienes acá
crucificado por ti.
Dios mío dame la gracia de morir amándote y sabiendo que te amo. Amén

 

                                                          ¡Sí, a la vida!   Bebe-37[1]

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