Todos los días presento al Señor a Siria y Afganistán, junto a todos los pueblos que están en guerra. Pero no tenía ni idea de cuantos países habría padeciendo este mal.
Hoy, he empezado a buscar en Internet, tomando conciencia de lo atroz de tanta locura y de las consecuencias tan nefastas y horripilantes, me he quedado consternada, agobiada, como si oprimiera mi interior una tremenda losa. Al encontrarme con los niños soldados.
Amnistía Internacional confirma trescientos mil niños soldados, usados en ochenta y seis países, (el 30% niñas, esclavizadas sexualmente en los campos militare) Estos niños de siete, ocho, nueve... años, la mayoría adolescentes) son secuestrados por gentes sin piedad de las guerrillas, grupos paramilitares y narcotraficantes. Dejándolos sin dignidad, al robarles toda sus derechos humanos, su infancia, la seguridad de la protección, atención y cariño de sus padres, la convivencia con los vecinos de sus pueblos y compañeros.
Estos santuarios violados, sin respeto ni amor por la maldad brutal del hombre, aislados de lo que ha sido su mundo, son vejados, explotados, sometidos, forzados, golpeados, asesinados (si intentan escapar) en conflictos bélicos. Siendo víctimas de todo tipo de abusos, los sacrifican empleándolos como cargadores, mensajeros, espías, cocineros, criados, guardias, guardaespaldas, esclavos sexuales, se les obliga, a usar armas automáticas, a ser terroristas suicidas y detectores humanos de minas antipersonas (se les ha hecho correr delante de los soldados para limpiar campos de minas).
Lo alejan de la realidad con la droga y el alcohol, carecen de miedo, dejan de ser consciente del peligro, enfureciéndose de tal manera que quieren destruirlo todo, obligados a presenciar o a cometer atrocidades (asesinatos, violaciones) se hacen niños deshumanizados, crueles. Sus vidas pasan a ser la violencia, sus juguetes las armas, los peligros, asesinatos y una fría obsesión por la muerte, son parte del juego (se les llama “maquinas asesinas”), rompiéndose sus sentimientos, enferman física y psíquicamente, quedando dañadas sus mentes y sus corazones, sin ética, ni moral, no distinguen lo que es correcto. Lo bueno de lo malo.
Para endurecerlos a estos niños rotos, amenazados de muerte se les obligan abominablemente a matar a sus amigos y familiares, matan para no morir y ellos mismos, terminan raptando, reclutando y matando a su propio pueblo.
Trescientos mil niños soldados, igual a trecientos mil crímenes contra la humanidad