Por Botellas a la mar
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12.º Es cierto que no acompañaba a la niña a las visitas de su familia y de la familia de C. Desde que en una crisis que tuvo C. —nunca me enteré de qué le pasaba— al ir yo a besar a su madre, esta me apartó con su brazo dejándome caer sobre la encimera de la cocina —no me hizo ningún daño—, inmediatamente reaccionó la Sra. atrayéndome hacia ella y me besó; con perplejidad vi las caras de disgusto de sus padres al mirarme y tratarme. Me quedé atónita, pensando qué les habría contado para que me miraran y trataran de esa manera —nunca más volví a visitarlos—, exceptuando el día de la boda de su hermana pequeña, a la que asistí sumida en la amargura.
La integración de Fátima con la familia de Carmen es totalmente cierta; la niña es querida por ellos y mi chiquita los quiere mucho, son una familia normal, unida, acogedora y bonita. Es una pena que yo, por las circunstancias, los haya tratado tan poco, pero les tengo cariño.
13- Nunca he tenido documentación alguna de F., por ser C. quien la guardaba, hasta el punto de no saber cuándo era su cumpleaños, ya que me bailaban las fechas de los tres niños que hemos tenido. Pero no se me olvidaba el santo de F., ni el santo y cumpleaños de C., en el que ensayaba con la niña el «Cumpleaños feliz» para, llegado el momento, cantárselo. En cambio, en 20 años, a C. siempre se le olvidaron los míos —excepto un año que lo hizo dos días después—. Realmente esto para mí no tiene importancia, lo menciono por lo que ella cuenta.
¡Sí a la vida!
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