Anoche me informaron que una hija de unos amigos de mis padres, se está muriendo. Al marcharse a otra ciudad no la había vuelto a ver, sabía de ella sólo por lo que me contaban sus hermanas. El marido al enterarse que tenía cáncer le dijo: "no puedo desperdiciar mi vida con una enferma” y se marchó, dejándola con los hijos y el cáncer, ha luchado como una jabata contra todas las contrariedades que ha sufrido, encontrándose ya casi tocando las puertas del cielos. Antes de llegar a casa de la hermana que la tiene recogida oré, diciéndole al Señor que fuese Él quien la que visitara, consolara, abrazara, y acogiera.
Una vez que llegué al pueblo donde viven, la hermana me recogió en el lugar determinado, fuimos hablando, de la grave situación por la que están atravesando, diciéndome: “de ninguna manera me puedo derrumbar, lo tengo claro, debo disfrutar de ella los días o momentos que le queden de vida, procurando que no sufra". Llegamos a un barrio obrero, entrando en una humilde pero confortable casa y allí, en la cama estaba ella esperándome, nos abrazamos intensamente, mientras entraba por mi nariz un intenso olor a jabón, a limpio. Hablamos, como si el día anterior hubiese sido el último que nos hubiésemos separados; de su vida, de sus sentimientos, de sus ansias, de mí, siempre rodeadas por sus hermanos, cuñada y sobrinos, todos atentos a lo que pudiera necesitar. Estaba admirada de ver cuanto derroche de cariño, hecho atención, delicadeza, amor. Hablamos y hablamos, llegado un momento en que nos quedamos a solas le pregunté ¿Manoli crees en Dios, tienes fe en El? Me dijo “sí, para mí es una cosa muy seria, me entiendo mejor con la Virgen, le hablo, le cuento, me enfado pero… Dios me es algo muy serio por Grande” Le dije si quería que orásemos, contestó afirmativamente; cogiéndonos de las manos hemos orado con gran recogimiento, sabiéndonos en presencia del Señor, con el Señor. Hemos respirado su paz, su amor, sintiéndonos bendecidas.
Se va una vida con la que he tenido la suerte de crecer, de jugar, de reír, de abrazar, de llorar, de amar, rozando, tocando lo profundo de su alma, dónde sólo moran Ellos ¡Ellos! ¡Los que moran en mí! He comprendido y entendido que no hay marcha que no hay separación, sino más unión. Si permanezco en comunión en el corazón de Dios.
¡Sí, a la vida!
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