
Día del Domund: Fe + Caridad = a Misión. Hoy la Iglesia universal reza por los misioneros y colabora económicamente para ayudar y acompañar a estos hermanos nuestros que trabajan para el Reino de Dios, en medio de tremendas dificultades, llevando Fe, Esperanza, y Caridad. Tengámosles presentes.
Éxodo 17, 8-13 nos muestra el poder de la oración porque Dios siempre tiene el corazón abierto para nosotros.
Orar es hablar, dialogar con Dios, consciente de su presencia, de Padre y amigo. En intimidad llena de confianza, de descanso, de abandono en Ellos, no solo del cuerpo, también del corazón y el alma, aprendemos a superar los tropiezos del camino adquiriendo serenidad y fuerza para afrontar el día a día, siendo perseverantes, nos aficionamos a su compañía más dulce que la miel -esto es mejor terapia que el psicólogo- contándole nuestras preocupaciones, deseos, alegría sufrimientos; alabándolo, pidiéndole, intercediendo, dándole gracias. Con el Señor terminamos razonando con sensatez y a saber relacionarnos.
El experimentar la exquisitez del Señor, su caridad, nos lleva a la solidaridad y a querer participar con El en la construcción de un mundo mejor, para esto; hay que estar siempre abiertos a la verdad, a la justicia, siendo sinceros, -no mentir nunca- saber escuchar, dialogar, respetar siempre la dignidad de toda persona, tener paciencia, no llegar nunca al enfrentamiento, a la pérdida de control, no se trata de vencer- llenos de fanatismos-sino de manifestar la verdad de Jesucristo, discernida desde la Palabra, interiorizada en la oración, bajo la acción del Espíritu, todo envuelto en misericordia para que nuestro actuar tenga el sello de Dios. Es importante examinarnos a diario para corregir los errores y mantenernos en humildad, superando nuestras comodidades e indiferencias, pasando por la vida del prójimo sin mirarlos. O sea, tenemos que superar los egoísmos para ser constructores de paz, caminando siempre con las manos abiertas y extendidas, para acoger.
A dónde están nuestros nombres escritos ¡El Cielo, la Casa del Padre! no hay que llevar nada, solo obras de amor. Oremos sin desanimarnos los unos por los otros para que el protagonista de nuestras vidas sea Dios.
¡Sí, a la vida!