
Santa Yolanda, de origen griego, significa violeta “aquella que es de las tierras violetas”
El primer domingo de Adviento empezó el ciclo A, con las lecturas de San Mateo, llamado el evangelista de la misericordia. En las lecturas de hoy nos muestra la genealogía de Jesús, desde Abraham pasando por David, hasta llegar a José esposo de María, que intervino como cuidador y protector de los dos seres más maravillosos y excepcionales de cielos y tierra. El Hijo de Dios y la esposa del Espíritu Santo.
María también era descendiente de los que habían heredado la promesa de Dios, ella siendo mujer es la que interviene, participa, siendo el ser donde se da cumplimento la Promesa, haciéndose el verbo carne, Dios mismo vestido de nuestra humanidad en el vientre de María. ¿Cómo vivirían tan tremendo misterio María y José? Creo que en adoración y en silencio, cuando Dios toca sobra todo, se hace silencio, siendo el silencio la música de Dios porque Dios es música en el silencio, el que saborea a Dios pierde toda clase de apetencias; sólo puede llenar, calmar y colmar la mano, la gracia, el toque delicado de Dios, no hay nada que se le compare.
Al no haber participado hombre alguno en la encarnación de Jesús, el Señor tendría los rasgos de hombre, pero la misma cara de María, los mismos ojos, su nariz, la boca, la barbilla, su frente. Muchas veces pienso ¿cómo sería la muerte de José?. Con razón se le invoca para que nos ayude a tener una buena muerte ¡Ninguna como la suya! Me lo imagino cogido a la mano de Jesús y María, invadido de paz, feliz… mirando esos preciosos ojos de Jesús que eran los de su Madre, se perdería en ellos, viendo la eternidad, pasando en el mismo instante de Jesús, al Padre.
¡Gracias, gracias, gracias! Oh sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.
¡Sí, a la vida!