
Don Francisco Girón –sacerdote- decía: "ser cristiano es cuestión de afición, de recrearse, de aficionarse” y Anthony de Mello escribía: “espiritualidad es equivalente a despertar” y repetía: “estar despierto es espiritualidad”. Me costó tiempo el comprenderlo.
Jesús, es atrayente, seductor, deslumbrante, en su humildad y belleza. Vivir en Él, es estar despierto, lúcido, consciente de su presencia que nos habita, vivir desde Él, es hacerlo más allá de toda línea, en otro mundo, en otros mares, donde no puede entrar ni imaginar la perspectiva humana. Con Él, siempre hay que desear remar mar adentro, mientras más adentro, más perdidos, más penetramos en el Ser, de la Trinidad, es abandonarse, confiar, descansar despiertos, gustando, saboreando recreándonos, aficionándonos; al ahogarnos, en los océanos de su amor, de la dulzura del Corazón de Cristo. Si nos diéramos cuenta que es más atrayente la vida en Dios, que en nosotros mismos, ya no desearíamos ninguna otra cosa.
Si nos enamoramos ya no nos escapamos. Somos voluntariamente esclavos de Dios por el amor. Amor, que a su vez nos libera de toda esclavitud, de alma y cuerpo, haciéndonos libres, con la libertad de los hijos de Dios; porque Dios es y da siempre libertad.
Los Apóstoles en su simplicidad no podían imaginar ni soñar, el ser participes en una historia, de una aventura, con semejantes consecuencias de trascendencias inverosímiles, que comienza en la tierra para terminar en el cielo. ¡La Salvación del mundo por medio de Jesús!. Al igual, nosotros, si no nos desperezamos de nuestras tibiezas, de nuestra inconsciencia, no viviremos para el proyecto que Dios tiene para cada uno de nosotros.
Pidamos sabiduría e inteligencia espiritual; estar despiertos. Aficionarnos a la práctica de las virtudes, con coherencia, verdad y amor en todos nuestros actos, siendo bálsamo para las heridas de los demás.
¡Sí a la vida!
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