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Hace unos días leí que en Suiza quieren quitar el nombre de Dios de su Himno Nacional y en una de las últimas homilía, también el sacerdote dijo que: "la bandera azul con doce estrellas que representa la Unión Europa, de igual modo la van cambiar”.
Normalmente las personas nos inquietamos por semejantes cosas, nos duele porque indudablemente, quisiéramos que todo hiciera referencia a nuestro Dios Trino, para darle el mayor honor y gloria, que todo hable de Dios, de su santo Nombre.
Reflexionando me doy cuenta que los hombres usamos las banderas, los colores, los himnos como signos de pertenecías ¡Mío! mi país, mi club, mi comunidad. ¡Mío, mío, mío, siempre mío!. A mí me pasa, -siento cierto regusto y satisfacción, cuando España es campeona de algo, o se hace referencia a Ella por alguna cosa buena- Terminamos excluyendo al resto, a los otros, a los de fuera, a los de enfrente, ya no es algo nuestro.
¡No!, las banderas, colores, himnos, no pueden separar a ningún cristiano por mucho que sintamos escalofríos de sentimientos fuertes, a flor de piel. No. No nos puede separar patrias, fronteras, lenguas, razas, religión, la ideología de cada político de turno ¡No!
Nuestra bandera nuestro estandarte es ¡Jesucristo Crucificado! -Nos lo dice S, Pablo- ¡Jesús! que quita toda barrera de pecado, de odio, de separación, haciéndonos Uno en Él, como El es Uno en el Padre. Nuestros colores son el color del agua de su costado y la sangre de su cuerpo de Dios, que nos purifica de toda mancha de pecado, de división.
Si quitan las banderas hechas por manos de hombre y se deja de nombrar a Dios en los himnos. No pasa nada, porque somos legiones y legiones de cristiano, portadores de nuestra bandera alzada, que es ¡¡¡Jesucristo crucificado, el mismo Hijo de Dios!!! Siendo nuestro Himno la música de su corazón de Hombre, su Himno de Amor. Ante nuestra bandera todas las demás sobran porque la “Bandera Viva del Dios Vivo, Jesucristo” ¡Está! Brilla, enamora, arrastra, encadena con lazos de Amor, Salva, nos da Vida; nos conduce, nos lleva tras de Sí, a nuestra única Patria. ¡¡¡La Casa del Padre!!! Así sea.
Oremos, oremos, para que no nos cansemos de testimoniar a Jesucristo, cantando su Himno de Amor, en la practica de las obras de Misericordia http://botellasalamar.over-blog.es/
¡Sí, a la vida!
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