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Dios És y vive

                                 

   Nuestra Señora de Fuencisla, San Cleofás, discípulo que vio a Jesús resucitado camino de Emaús y posiblemente – no hay seguridad- esposo de María, la que acompañó a la Virgen en el Calvario.

   El Señor no es el Dios del quizás, bueno a lo mejor, quién sabe? nadie lo ha visto, quién se muere no vuelve a contarnos… No. Dios Es, y vive, nuestras malas obras no nos deja verlo; éstas, nos hacen vivir en las obscuridades de las tinieblas y no en su luz maravillosa. La soledad no existe porque siempre, siempre está Él, ¡Jesús! Dispuesto a ser propicio con sus fieles, con su Pueblo de sacerdotes y profetas, de los elegidos, enviados, protegidos, ungidos, de los santificados, Dios nunca abandona, da ánimos y nos conforta, ¡Jesús! No nos abandona en nuestras esclavitudes y desgracias, El, es la base y el cimiento de nuestra vidas, de nuestra realización. Testigos de esto son los santos, los que lo ven, teniendo relación de intimidad con Él, conviviendo con Él, alimentándose de Él, trabajando con Él: Teresa, Juan de la Cruz, Padre Pio, Teresa de Calcuta, Teresita… ¡Muchísimos! hombres y mujeres bienaventurados que han vivido con sus debilidades de la realidad y fuerza de Dios, sus testimonios están ahí, vivos palpitantes, llenos de hechos sorprendentes, de vida más allá de todo lo que conocemos y hemos experimentado. Hombres y mujeres realizados en plenitud que han vivido a tope dando la vida en sus testimonios de que Jesús no es un invento, un sueño, sino la realidad de toda existencia, porque está vivo y es Dios de dioses y Señor de señores.

   No nos conformemos con nuestras vidas mediocres, llena de nuestras indecisiones y confusiones, de nosotros mismos, aspiremos a lo sublime, a lo desconocido pero intuido, a lo que nos afirma nuestra fe. Vivamos a lo grande ¡En el Amor! En lo extraordinario que es Dios, no puede ser tan difícil, cuando otros lo hacen, lo gozan y lo testimonian, hasta dar su vida por Dios.

  Demostremos con nuestras obras nuestro amor a Él, dándole gracias por el don de la fe, por permitir que le amemos ¡Gracias Señor!

                      ´Sí, a la vida!             

 

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