
Un día más para vivir amando y sirviendo a los hermanos, sabiendo que es el Señor el que lo hace a través de nosotros.
La Palabra de hoy así nos lo enseña, de esta manera lo vivieron Moisés y Josué, totalmente colgados de Dios, del que se fían, viviendo en profunda intimidad con el Dios siempre fiel. Para ello; el Señor los escoge, los llama, los unge, los sella, los capacita haciéndolos donación de Sí mismo en el servicio, a favor de los esclavizados, de los hijos de su amor que quiere libres. Sus vidas las pasan en la una continua actitud, de acción de obras de servicio, a todo el Pueblo de Dios para que este viva en libertad, en el respeto, en justicia y en derecho. Con toda dignidad.
Seguir a Jesús no es cuestión de sentimientos, sino de acción de obras de misericordia, nacidas del corazón por el trato en la intimidad con Él, desde dónde, por el Espíritu vamos siendo transformados, regenerados en hombres nuevos, siendo consciente de nuestra impotencia, debilidades, de nuestra nada, haciéndonos niños pequeños, sencillos, humildes, transparentes, sinceros, sin doblez. Sabedores de que necesitamos de las brazos tiernos, suaves, amoroso del Padre, porque es ahí, donde está toda nuestra seguridad.
Al igual que los santos; ser donación, bendición de Dios para los hermanos, para el mundo. En el servicio a todo lo que nos rodea, vivir esto es el sello de todo cristiano.
Hermanos pidamos los unos por los otros para vivir conforme la Ley del Amor del Señor, siempre sirviendo tal y como -El mismo hizo. Creo que no hay experiencia mayor de Dios que la de experimentarlo como Padre. Con humildad puedo asegurar que quién lo experimenta jamás deja de ser niño.
¡Sí, a la vida!
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