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¡Vivir a lo divino!

 

      20131013-1-.jpgSan Martin de Tour, era guardia imperial, (315) con dieciocho años recibió el bautismo y dejó la milicia. Se dio a la vida eremítica, fundando el monasterio más antiguo de Europa –Ligugé- elegido obispo de Tour. Se dice que fue soldado sin querer, monje por elección y obispo por obligación, fue un gran evangelizador ganándose el amor de los pobres, no era bien visto por el clero, siendo acusado por un sacerdote llamado Bristo. El decía: “¿Si Cristo aguantó a Judas, como no voy yo a sobrellevar a Bristo?” siendo soldado le dio la mitad de su manto a un pobre muerto de frío, esa noche soñó con Jesús envuelto en la media capa que le sonreía.

  La Palabra de hoy da para mucho porque son bastantes las perspectivas de las que se puede contemplar, discernir y orar. Necesitamos  ayuda para nuestras malas inclinaciones ¿Quién mejor que Jesús y María para pedirles auxilio? Nuestra creencia en Dios nos lleva a abandonarnos, confiados en sus brazos, pidiéndoles que nuestra pobre fe la hagan viva, que crezca en nosotros y nos transforme, como las  semillas en la tierra. Y aun más, atrevernos a pedirles su misma fe. La fe del Hijo, en el Padre y la fe de María en Dios, en su Hijo y en su Esposo. De esta manera lo viviría Pablo cuando dijo: “no soy yo es Cristo quien vive en mi” Pidamos con anhelo e insistencia que el Resucitado viva en cada uno de nosotros, que su fe sea nuestra fe por el Espíritu.

  Con el paso del tiempo puede ser que aún  caminemos fatal, arrastras, por las heridas profundas que nos han infringido, estando sin curar, sin  cicatrizar,  continúan doliendo, teniéndonos hechos polvos y quizás en nuestros peros… humanamente tengamos razón con las excusas para perdonar. ¡Pero! Nosotros aspíramos y queremos vivir a lo Divino, con el Corazón de Dios. Como el Maestro; pensar, sentir, perdonar, amar, todo como El; para esto tenemos que traspasar la línea de lo humanamente lógico y correcto -según el mundo- para vivir la locura del sentir Divino, del amor por encima y debajo de todo lo razonable, hasta la cruz;  el amor todo lo envuelve,  lo cree todo, lo espera todo, todo lo soporta, todo lo perdona” no es perdonar desde mis criterios, razones deseos, no; mi corazón no es límpio, ni mi voluntad fuerte. Perdono agazapada en los brazos de Dios, desde el mismo Corazón de Cristo, dónde soy transformada por el Espíritu para vivir la locura de la cruz, del perdón, del amor. Es… ¡Enloquecer a lo divino!

   Si realmente estamos arrepentidos de nuestros pecados, de haber ofendido a Dios, esto nos permite comprende,r con misericordia al que nos ofende y hiere, facilitándonos el perdón, por el perdón que brota del amor y la misericordia que Dios nos da. Perdonar siempre, no humillar ni vengar ni devolver –si acaso huir -para no ofender al Señor-    Quién perdona es el fuerte, por la fuerza invencible del amor, que nos hace libres sin resentimientos. La sabiduría la alcanza el que vive “en y del” Espíritu.

 

                                                  

                                                                   ¡Sí, a la vida!   Bebe%20(178)[1]

 

 

 

 

 

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