Santa Josefina Bakhita.
Capturada a los nueve años por comerciantes de esclavos, maltratada y humillada hasta casi morir, fue vendida cinco veces como esclava. Una vez en Italia con su último amo entró en la Orden de las Hermanas de la Caridad de Venecia, recibiendo el bautismo, la comunión y la confirmación. Bendecía a los negreros que la raptaron porque gracias a ello pudo conocer el amor de Dios.
Es curioso como Salomón le dice al Señor: “mi padre David caminó en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón” ¿Dónde está la lealtad, la justicia y la rectitud de David, asesino de Uría? En reconocer con humildad y dolor su pecado volviéndose a Dios a quién ha ofendido, implorando su perdón. Sabiéndose amado por el Señor y amándolo se regenera.
El salmo dice: “en mi corazón guardo tus consignas, mis alegrías es el camino de tus preceptos” tenemos unas directrices claras, clarísimas, la Ley de Misericordia y Amor de Dios; fácil de seguir, si caminamos con el Maestro vivificados por su Espíritu. Si nos apartamos de Dios no manteniendo la lámpara de nuestro ser encendida por no alimentarla del aceite y del pasto de su Palabra, de su gracia, de su voluntad, hacemos el mal como David, porque sólo los caminos del Señor son rectos y alegran el corazón ya que el mismo Jesús es el Camino en el que se produce el encuentro más importante, maravilloso, e increíble, de cualquier historia humana. Introduciéndonos en el silencio, y en el sosiego, en la paz de los que nos habitan Nuestra Trinidad! Dónde se nos da todo lo que necesitamos para cruzar esta tierra, siendo ya amigos y discípulos, a los que no les queda más remedio que vivir con pasión la vida, creyendo y amando al que es la Vida.
¡Sí, a la vida!