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¡Es divino!

                                                                    

     San Roberto Belarmino cardenal y doctor de la Iglesia, llamado “el martillo de los herejes”. Y las llagas de San Francisco.

     Mientras escribo noto en mi interior algo que  sube, como un rugido y creo que mi cara se está trasformando por lo menos en la de un león, a punto de atacar. Me he opuesto, a que en  casa mataran una mosca y….¡vaya la que me está dando la mosca!

    La carta de San Pablo es bien clarita da para mucho: casados, célibes, pecadores, corruptos, con celo apostólico, malos funcionario, olor a ovejas o a poder y dinero…

     Personalmente estoy sorprendida, admirada, enamorada, -con verdadera envidia- de los obispos y sacerdotes santos que son muchos, muchísimos los que siguen el camino que es Jesús, atraídos por su amor, dando con recta conciencia la vida, con bondad y  justicia, con entrañas de misericordia, a favor del redil. No me canso de dar gracias por esto. He tenido la suerte de trabajar con una serie de ellos que verdaderamente transmitían y trasmiten a Cristo. Esto me ha suavizado el contacto con los consagrados despistados, confundidos, o funcionarios mundanizados. –también los hay-  Igual que los no consagrados, son ovejas del mismo Pastor, necesitando unas mano tendidas, llenas de verdad, de buenos consejos y comprensión, dónde apoyarse y sobre todo mucha oración. Que no les falte.

     El evangelio nos muestra   la tristeza chorreando por las calles, de la comitiva del dolor y la suerte de la madre y del hijo muerto, al encontrarse por el camino con el Señor de la Vida, al “Yo Soy la Resurrección y la Vida” el que convierte las lágrimas en cantares y risas, y el dolor en música de júbilo; porque Él, tiene entrañas de misericordia. ¡Es Divino! Es Dios con nosotros y está con nosotros, en todos los acontecimientos de nuestra vida; en las penas en el sufrimiento, en el dolor y en todo gozo de alegría. Imitemos, Imitemos a Él y a los Apóstoles santos, sin cansarnos, seamos portadores de su Palabra, de sus hechos, de sus actitudes, de su Amor que por donde pasemos, vayamos rebosando el Amor del Resucitado, Dueño de la Vida.

                                                                      ¡Sí a la vida! 

 

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