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Festividad de un santo de los de películas, me chifla, por verse la obra de Dios sus maravillas, en la nada de los hombres. San José Cupertino, nació como el Señor, en un establo, mientras sus padres huían, de las personas que le exigían que les pagaran sus deudas. El pobre lo mismo con tanta carrera, desasosiego y miedo de la madre; en el parto, quedó tocado, o sea medio lelo. Para no servir, ni de aprendiz de zapatero, ni para pelar patatas, fregar, tocar una simple campana, o hacer un recado, todo lo hacía mal, o al revés “inútil total”. En los conventos donde entraba lo echaban a prisa por estorbo. Al morir su padre los acreedores lo quisieron meter en la cárcel por ser él el heredero ¡Pobre cuantas humillaciones tragaría! Al final no sé cómo, entró en un pequeño convento de lego, donde los frailes o eran todos santos al por mayor, para aguantarlo, o Dios hizo el gran milagro de que a trancas y barrancas llegara a ordenarse de sacerdote. Vive para los pobres con infinita caridad, el que es tonto de remate da consejos y arregla las diferencias entre las gentes; lo envuelve la envidia y la crítica, y él, en el ayuno, la penitencia, milagros y éxtasis. Las gentes hacían cola, peregrinación para conocerlo, el mismo Papa lo quiso ver y cuando llegó a su presencia, entró levitando, o sea volando ¿Cómo se quedaría el Papa? Evidentísimo que Dios hace sabio a los que llamamos tontos y confunde a los que nos tenemos por fuertes y sabios. ¡Así actúa el Señor!
San Pablo no se cansa de proclamar a Cristo Jesús, manifestado en la plenitud de los tiempos a través de sus obras maravillosas, en beneficio de cada uno de nosotros, Dios nos creó, no dejándonos sin su compañía, amistad, ayuda, protección y compasión, dándonos a Jesús y María, para que todo nos sea más fácil, viviendo de sus corazones para que al contacto con ellos, encontremos el sentido de la vida en su amor, con la seguridad de que nos conducirán a los brazos del Padre.
En el evangelio el Señor señala la manera incongruente de vivir de los alimentados por las cosas del mundo; vaciedad, que deja insatisfacciones por la carencia espiritual, mostrando nuestros actos absurdos, salidos de la inconsciencia por la falta de voluntad, en la practica del compromiso sincero, con la justicia y la verdad. Esto nos tiene dando bandazos al sol que más calienta, insatisfechos, sin serenidad, esclavos de nuestros intereses, criterios humanos, comodidades, estatus sociales y egoísmos, al no estar sostenidos, maduros por el discernimiento de la Palabra y de la contemplación de Dios, alimentados de su Amor
¡Sí, a la vida!
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