Overblog Todos los blogs Blogs principales Religión y Creencias
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Publicidad

Llamados a la santidad

 

 

                          LIBRO PRIMERO DE LAS CRONICAS 19, 1- 9

    En esta narración se nos muestra un conflicto entre el rey David y el rey de los amonitas Janún.

 

    Los amonitas, eran una tribu semita -descendiente de Sem hijo de Noé- posteriormente, fueron fruto del incesto de Lot con sus hijas.

 

    David el Bisnieto de Booz y Ruz, El amado, el escogido, el bendecido por Yahvé, a quien Samuel le impuso el santo óleo, tenía un relación intima y profunda con el Señor, a quién le bailaba, componíendole músicas y salmos; dependiendo de Él en todo momento, en los éxitos, en las confusiones, fracasos o arrepentimientos. David, el guerrero apasionado, valiente que no quiso defender su vida, en defensa propia  ante el rey Saúl por ser este el ungido  del Señor. Por la concupiscencia de la carne, menospreció a Dios matando a Urias, marido de Betsabé, por haberse enamorado de ella. El líder brillante, atractivo, con capacidad demostrada para arrastrar al pueblo escogido por Dios, cae en el peor de los pecados, convirtiéndose en adúltero y criminal.

 

    Siendo David el líder más fuerte, mostró misericordia buscando un acercamiento con el rey pagano, mandándole mensajeros para consolarlo por la muerte de su padre. Su bondad fue malinterpretada por los cortesanos de Janún en quién influenciaron, y lo llevaron a cortarles las barbas y las vestiduras a los enviados por David. Para los israelitas las barbas eran de gran valor y belleza, eran signos de autoridad, de honor, de madurez, de respeto. En los asuntos importantes juraban por ella y la comprometían; preferían morir a perderla, ya que sólo los esclavos se mostraban rasurados. Al cortarles las túnicas por la mitad, al no usar ropa interior, lo dejaban en desnudez mostrando la circuncisión, de la cual, se reían los paganos. Estos hechos fueron una tremenda ofensa contra el propio rey David.

 

    En este relato se nos muestra la buena actitud de David movido por compasión hacia Janún, y la mala interpretación que hicieron los consejeros de éste, influyeron en su rey, mostrándolo débil, cobarde, e injusto. Dándose cuenta del tremendo error que habían cometido, en vez de disculparse, buscando el perdón y un acercamiento, contrataron a mercenarios para juntos luchar contra David. En una guerra caprichosa e injusta. Cometiendo una injusticia mayor, al llevar a morir a gentes inocentes, mientras ellos; reyes y príncipes se resguardaban en la parte de atrás.

 

    Esta Palabra nos suscita los siguientes interrogantes:

 

    ¿Pedimos al Espíritu Santo sabiduría, luz para hacer su voluntad?

 

    ¿Toda nuestra vida es el fruto de la oración, de nuestra relación con el Señor?

 

    ¿Nos preparamos con seriedad y discernimiento para relacionarnos con los hermanos?

 

    Todos los cristianos tenemos que apacentar, somos gentes de paz. Por lo tanto, la motivación de nuestra vida es la PAZ, dándola y sembrándola. O por el contrario, somos unos cobardes, creando confusiones, enredos y males, mal interpretando y suponiendo los actos, los sentimientos, las palabras de los demás. Siempre hay que buscar la verdad sin juzgar, pero estando comprometidos con la justicia y la caridad. 

 

    Estamos obligados a orar e interceder por las personas con las que nos hemos portado mal haciéndole algún daño, siempre pedirles perdón y a las que nos han hecho sufrir y nos han dañado, de inmediato perdonarlas. Recordar siempre que mi prójimo no es mi enemigo pero Sí, mi hermano.

 

    ¿Somos consciente de la tremenda responsabilidad que es la escucha, el atender, el aconsejar al prójimo, conforme el Señor, hablando desde Él, o por el contrario, actuamos sin reflexionar ni orar, sin saber, ni entender, ni estar preparados para la respuesta adecuada?

 

    ¿Aconsejamos sobre la marcha, conforme nos parece, en nombre propio y no según Dios?

 

    ¿Somos capaces de guardar las confidencias que se nos hacen, sin divulgarlas, criticarlas o juzgarlas?

 

    ¿Nos rodeamos y nos dejamos aconsejar por personas sensatas, equilibradas, gente bondadosas de oración?

 

    ¿Discernimos los consejos recibidos? Rodearnos de nefastos consejeros nos puede llevar a situaciones desastrosas, ya que después, los hechos realizados siempre son libre decisión nuestra. Tenemos que valorar siempre las decisiones que tomamos, dónde nos puede llevar. Ej. Vivido en primera persona...

 

    ¿Tenemos la libertad de los hijos de Dios para decir en el momento oportuno lo que es injusto y se sale del mensaje de la Palabra del Señor, Con delicadeza, sin humillar ni hacer daño, sea quién sea la otra persona o las otras personas?

 

    Para esto y para toda nuestra vida de cristianos, tenemos que vivir de la intimidad con el Señor, con la constante respuesta de nuestros esfuerzos, en nuestros actos de cada día, nuestras relación con Dios y el prójimo siempre tiene que estar basada en la practica de la caridad, en la entrega limpia y amorosa a Dios y a los demás. Esto no es posible si para ello no nos esforzamos en ejercitar y fortalecer continuamente nuestra voluntad por lo que es imprescindible el ejercicio de las virtudes y del examen de conciencia diario, que nos ayuda a madurar en nuestra fe, reconociéndonos pecadores. Ayuda y mucho el formarnos por medio de la lectura. De no estar acostumbradas a leer, es bueno aficionarnos con la vida de los santos, en vez de tanta televisión y pérdidas de tiempo. Estas vidas son fascinantes y nos inflaman en deseos amorosos de santidad, de hacer el bien y amar a Dios y al prójimo.

 

    Todos somos pecadores y desde nuestras vida miserable de pecados, tenemos que tener deseos, sed, anhelos de Dios, de santidad. No podemos ver a Dios y la santificación como algo lejano, inalcanzable e imposible. ¡Dios está ahí! ¡Para ti, para mí y para el de la moto! Por su voluntad. Y no se trata de alcanzar la santidad, ni a Dios, sino dejarnos alcanzar por el que santifica. Debemos con ansias desear ser santificados, no se puede ser cristiano y no desearlo.

 

    Tenemos ejemplos más que suficientes de personas normales como nosotros, que han sido grandísimos pecadores y han terminado por la gracia de Dios, siendo grandes santos, desde el inicio de nuestra iglesia hasta nuestro tiempo.

 

    Siendo muchas las personas que no están de acuerdo en reconocerlo como santo por los hechos tan horrorosos de su historia. Lo es, el santo profeta rey David. Le valió el que se humilló reconoció su pecado, con humildad, pidió perdón y reparó. Dios lo perdonó. Dejándonos el salmo de reparación más bonito que se conoce. El salmo 50, "El Miserere".

 

    María Magdalena apóstol de los apóstoles, de la que dice las escrituras, que Jesús echó de ella siete demonios. Una vez perdonada, sus ojos humanos fueron los primeros en ver al Resucitado.

 

    Dimas el buen ladrón, toda una vida de pecados; en la cruz recibió la redención, y todo perdonado y santificado. En Él tenemos al primer santo de nuestra Iglesia.

 

    San Agustín gran pecador, después de su conversión escribió las confesiones y es conocido como el Doctor de la Gracia.

 

    Digamos con estos santos.

 

    ¡Oh Dios! crea en mi un corazón puro, renuévame con tu Santo Espíritu, que siempre pueda ver tu rostro. Exhala tu perfume, y respire, y suspire por ti. Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino.

 

    Que como María Magdalena, nuestros corazones palpiten sólo por el resucitado, siendo sus apóstoles. Así sea.

                   

 

               ¡Sí a la vida!        

 

 

 

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post
I
Precioso. Como todos los que voy viendo, merecen ser publicados, porque sin duda ayudarán a cuantos ya aman a Jesús o buscan la verdad.
Responder