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La Palabra

       Tenemos que estar contentos, felices de leer, estudiar, orar, meditar, contemplar; la Palabra del Señor. Que nos pone en actitud humilde de escucha, de acogimiento y dialogo con nuestro Dios.

      La Palabra que nos ha dado el Señor ¡Es impresionante! (una preciosidad) Es de tanta riqueza y profundidad teológica, espiritual y poética que me ha dejado fuera de mí, atónita, asombrada, en silencio, ante semejante texto que ha sido caricia para mi corazón, dejando mi alma envuelta en amor de Dios.

                      Narra el misterio de la salvación y de la Iglesia

      Es un Cántico, un Himno desde donde se desprende una lluvia, un torrente de bendiciones.

     Lectura Ef 1, 3-10

    1ª bendición:

    Por nuestra elección para ser santos, e irreprochable ante Él, por el Amor. 

    2ª bendición: 

      Por nuestra adopción como hijos.

      3ª Bendición:

       Por la redención y  remisión de los pecados.

       4ª bendición:

       Por la recapitulación, de todas las cosas en Cristo Jesús.

       Ya que desde el principio y por toda la eternidad para siempre, siempre... por voluntad del Padre, somos los hijos elegidos, los creados, bendecidos, amados, los destinados por el dedo por el corazón de Dios. Por su voluntad ¡ Para que seamos santos! Para gloria de su nombre. ¡Nuestro destino es Dios! Porque hemos sido comprados, redimidos por Jesucristo, el Hijo de su Amor ¡Cristo¡ Cabeza de todo lo que está en el cielo y en la tierra.

     Dios al contrario de nosotros, es bendición tras bendición, es todo donación, se derrama sin limites, hasta darse a sí mismo en Cristo Jesús, que hecho Hombre nos lo da a comer: su Don más grande y valioso. En su Hijo, nos da todo su amor, todo su ser de Dios. En Jesús recibimos su Espíritu Santo, el cual, derrama sobre nosotros, toda clase de bienes espirituales y celestiales. Este derramamiento redunda en alabanza suya. ¡Su gracia es gloria!

     Jn 3, 16Tanto amo Dios al mundo que entrego a su hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Este Hijo encarnado en el vientre de María, nos ha sido regalado, donado, Jesús nos ha hablado de Dios Padre, nos ha dado su Espíritu; poniéndonos, en el camino hacía el cielo. Por Él, hemos recibido la redención, que nos justifica, nos limpia, siendo Él mismo, el que nos presenta ante el Padre, con el vestido de gala que es su Sangre.

    Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo, en el momento que determino su voluntad: recapitular en Jesús, todas las cosas, unir, ser en Cristo. Por querer que triunfe el Amor, su Amor, en los salvados y santificados.

      Ante tal cúmulo de Gracias, de Bendiciones, de Amor de Dios ¿Cómo le respondo?

    ¿Soy consciente de la existencia de Dios? ¿De su ser Divino, Infinito, Creador, Todopoderoso?

     ¿De su presencia real, de su estar en mí y en los otros? ¿De que es Padre de Jesús y Padre nuestro? ¿Soy consciente de que me llama hija mía y yo le llamo Padre mío? ¿Lo respeto, lo bendigo, lo amo?

  Recibiendo todo de Dios, es justo establecer una correspondencia de amor: alabándolo, bendiciéndolo, glorificándolo, amándolo, sobre todas las cosas. ¡Dejándonos amar! En esta unión de amor, está el secreto de la santidad; el saber, el sentirnos amados en Cristo Jesús, nos hacer vivir en y desde el seno de la Trinidad. ¡n el Espíritu Santo! Es emborracharse de amor de Dios.

     Este lazo de unión, de correspondencia entre la Divinidad de Dios y la humanidad del hombre, sólo puede ser por la disposición y la oblación de nuestras obras, nunca por nuestros labios, de lo contrario, nuestros afectos, deseos y querencias son falsas, porque salen de un corazón vacío, de palabras muertas; sólo las obras realizadas desde un corazón humilde y puro, pueden ser alabanza, bendición, y amor a Dios. Para esto, nuestros actos hay que concretarlos en hechos realizados en nombre de Jesús, en nuestra vida diaria. Viviendo continuamente las obras de misericordias, amando siempre a nuestros hermanos desde el corazón de Cristo. En su nombre.

    Para alabar, glorificar, amar a Dios, para ser santificados ¡Nos tenemos que dejar amar! Ya que sólo su amor es el que nos pacifica, transforma, justifica y diviniza. Tenemos que vaciarnos por amor a Dios, en favor de la humanidad, siendo bendición, donación, entrega total, para con los hermanos y toda la creación. En esta correspondencia y dialogo de amor, está el secreto de la santidad; el saber, el sentirnos amados. Correspondiendo a sus bendiciones.

     O sea, somos propiedad de Dios y miembros de su Iglesia, al haber sido redimidos por Cristo, recibiendo el don de sabiduría y discernimiento, para vivir nuestra vida con radicalidad, en respuesta al plan amoroso de Nuestro Dios para con nosotros.

     Esta Palabra es un cántico de Dios al hombre, de la divinidad a la humanidad. Nosotros en correspondencia con nuestras vida; debemos hacer un cántico desde nuestra humanidad a su Divinidad

 

       24/11/ 2021                                                        

                                                                                         ¡Sí, a la vida!

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