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Primera epístola a los corintios 3, 18-23
¡Nadie se engañe! Quien se crea sabio según este mundo vuélvase loco para ser sabio. Esto dice S. Pablo ante las envidias, recelos y disputas de los corintios, a quienes llama hombres carnales por vivir en lo humano y no en las cosas de Dios, habían quienes se jactaban de su sabiduría o hacían diferencias entre los apóstoles; prefiriendo unos a Pablo, otros a Cefas, a Pedro o Cristo.
Es evidente que donde estamos un grupo de personas, cada una, tenemos nuestra punto de vista distinto de los demás, es inevitable y no es malo, más, con mis incongruencias, demuestro que no pienso, decido y actuó desde la verdad del Espíritu de Jesús, sino desde mi misma desde mis inclinaciones carnales, y de las creencias de este mundo, tan interiorizadas en mi, quiero ser colaboradora, servidora, apóstol de Jesús, pero... en el día a día tengo roces mis hermanos al quedarme con mis criterios tan llenos de mi misma, ignorando lo fundamental: andar en verdad y humildad ante Dios y los hombres, olvido que toda persona es templo de Dios y es sagrado. Para corregir esto, es necesario que mi relaciones las lleve a la oración y desde aquí, zambullirme en la luz del evangelio.
Lucas 8,31 Jesús reprendió a Pedro. Le dijo: <¡Aléjate de mi vista, satanás! ¡Tú no piensas en las cosas de Dios sino en cuestiones humanas!.>
Los más sabios y doctos de los hombres es nada ante Dios. La sabiduría venida del Señor nos hace ser verdad, en la más sincera humildad, considerando superiores a los demás, lo contrario es vanidad, necedad. El conocimiento sin amor no sirve de nada, toda sabiduría procede de Dios, y la hayamos en la culminación de la locura de amor de Cristo ¡La cruz! No hay más sabiduría que la que viene del amor, que es la suma de todas las ciencias, “Servir” es amar con Cristo, es traspasar todas las barreras todos lo limites, es la plenitud del hombre, de toda humanidad, no hay nada más interesante, atractivo, alucinante que el amor ¡Que amar! Amar desde Dios, con Dios, para esto tengo que acompañar al maestro a los pies de su cruz, y mirándolo ahondar en su humildad, en lo que debe de ser mi entrega total en el darme ¡Sólo por amor! Sin nada a cambio.
La sabiduría de los hombres es insensatez ante Dios, nada tiene que ver el saber de esta tierra, con la manifestación y el conocimiento que da el Espíritu Santo en el alma. El más ignorante de los santos, que ha experimentado el amor y ha sido santificado en el ejercicio de obras de amor, siendo su vida un cauce de amor, posee más sabiduría que el mayor de los sabio de este mundo.
Los conocimientos humanos son insuficientes para alcanzar la sabiduría divina, tenemos que empezar por aceptar que no sabemos nada, corrigiéndonos de nuestros orgullos, arrogancias, autosuficiencias, soberbias; toda ciencia sin amor es vanagloria, los pensamientos más sublimes de los hombres es simple vanidad. Para trabajar y amar en su plan salvífico, debemos respetar y tolerar a nuestros hermanos y a toda la creación, con la mente y el corazón de Cristo, que nos ha sido dado por el Espíritu, saber y reconocer nuestra incapacidades, pobrezas, nuestra necesidad de Dios, andar en la humildad y la sencillez en el amar, en el día a día, de nuestras vida.
Si en la ciencia del amor, no ponemos todo nuestro corazón, toda el alma y toda nuestras fuerzas, si no estamos despiertos, dejando actuad al Espíritu Santo a través nuestro, siendo consciente de que es Él, el que nos conduce, haciéndonos don de Dios y que este mismo don, nos hace dones para los hombres, para la Iglesia, para la humanidad y el universo. Vivimos equivocados, perdiendo el tiempo y la vida inútilmente.
No pertenecemos ni a patria, familia, amigos, ni a nosotros mismos ¡Sólo a Cristo! No debemos despegar nuestros ojos de Él, de quién recibimos la Palabra y el Espíritu Santo, del que adquirimos un conocimiento no de saber humano, sino desde la experiencia, del sabor divino, de la certeza de la existencia del Dios Único, Vivo y Verdadero-
El Espíritu Santo nos acompaña, con su acción nos empapa, con sus dones nos transforma, nos da vida, dándonos la mente y el corazón de Jesús, abriéndonos el entendimiento con la fe, dejando su Palabra, gravada a fuego en nuestros corazones, haciéndonos una con él, nos capacita para ser apóstoles, trabajando junto con Él, en lo que nos corresponda, respetando y tolerando a los hermanos y a toda la creación. Actuar con sabiduría es hacerlo en el Espíritu Santo.
Este saber en el Espíritu no es propiedad de los que nos creemos mejores, más preparados, capillitas, beatos, de los que no nos perdemos un retiro etc. etc. ¡No! Es una fortuna para todos los que somos Iglesia, donde no puede haber divisiones, rencores, envidias por ser contrario a la sabiduría de Dios.
Porque somos de Cristo, Siendo enriquecidos en Él, con verdadera sabiduría, al revelarse Dios en nosotros ¡En Jesús! somos uno, viviendo en Él, y Él en nosotros ¡Lo tenemos todo! Por ser Dios presencia en nuestra alma y experiencia nuestra, personal, de tu a tú.
Bien lo dice S. Juan de la Cruz. Míos son los cielos y mía la tierra; mías son las gentes, los gustos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos, y la madre de Dios, y todas las cosas son mías, y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí.
Todo el que no tenga relación de amistad con Jesús, no sabe nada.
Sí a la vida