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Don Santiago Agrelo
Ya sabía de la existencia de D. Santiago -obispo emérito de Tánger- Hoy, mientras he desayunado, he escuchado una de sus conferencia. Me ha dejado pillada por sus denuncias directas y claras, sobre el trato dado a los emigrantes que cruzan por la frontera de Marruecos.
Me dio curiosidad por saber más de él. Mientras, en el televisor discurría la despedida del cadáver de D. Carlos Amigo, entre aplausos por la catedral de Sevilla, he entrado en su perfil de facebook, encontrándome con sus sentidas palabras, ante la muerte de D. Carlos. Dos dirigentes de mi Iglesia ocupan hoy parte de mis pensamientos. D. Carlos al que conocía y D. Santiago. Los dos franciscanos D. Carlos ha muerto como si fuera andaluz de pura cepa ¡Con mucho arte! Falleció el día de la Virgen de Monserrat titular en Roma, de la iglesia que se le asigno cuando lo nombraron cardenal en 2003 y en plena celebración de la resurrección del Señor ¡En primavera! Siendo traído a Sevilla para darle sepultura, han paseado el féretro de D. Carlos por algunas calles de la ciudad que se encuentra en un ambiente de ebullición por las fiestas de Semana Santa y feria, con los naranjos en flor desparramando su olor a azahar, emborrachando los sentidos, pletórico todo de luz y alegría, ha sido enterrado; dejando la polémica, de la carta del Papa Francisco, leída en el funeral, al parecer, no muy correcta por contener dos despistes. Este hecho dará para mucha conversación a los disconformes, enfadados y polémicos eruditos.
Volviendo a mi inquietud por la conferencia de D. Santiago y a la información recibida después de trastear entre sus palabras, pensamientos y actitudes, volcadas en sus conferencias y escritos, pienso cuan fracasado se debe de sentir al ver lo difícil e imposible que es, que sus convicciones alcance a los demás. Seguro que tendrá en contra políticos, dirigentes de la Iglesia y gran parte del pueblo.
Ante el hecho de ver con sus ojos y tocar con sus manos la realidad del sufrimiento de estas mujeres, hombres y niños, emigrantes con nombres y apellidos que dejan la vida en aventuras de muerte. ¡Personas! Hijos del mismo Padre, redimidos por el mismo Señor, Me da la impresión que se ha visto superado, desbordado por los dramas continuos, y esto, le ha llevado ha encontrar su vocación, más profunda, aparentemente una vocación casi imposible de contagiar ¡Pero bella! La defensa del pobre ante la injusticias y las indiferencias.
Que alivio ver que hay quienes distinguen entre justicia y caridad, que caridad no es un remiendo para tapar la falta de justicia. Justicia y caridad están casadas. No podemos con falsas caridades suplir las grandes injusticia.
Sus fuertes denuncias chocan con el poder de un lado y de otro, con unas formas de vida arraigadas, en unas sociedades acostumbradas al bien vivir, a tener y acumular, calmando los remordimientos con limosnas y a seguir viviendo que son dos días. ¡Difícil lo tiene! Quizás cuando muera después de mucho tiempo lo suban a los altares Pero... ¡Lo que es ahora? ¡Predica en el desierto!
Confiesa que mientras más viejo está, más le interesa las cosas de Dios y de los pobres y menos todo lo demás
Me ha admirado y gustado, lo cerca que esta del pueblo musulmán, a los que mete en el mismo circulo de amor que a los cristianos. No diferenciando sus sentimientos y preocupaciones entre unos y otros
Su sincero amor por los pobres, le hace no ocultar su rebeldía, contra los poderes y medios de comunicación que toleran con indiferencia políticas que son crímenes contra la humanidad, ante situaciones de muerte. La falta de información, o la tergiversación de la misma, lleva a la indiferencia de un occidente voluntariamente ciego, cuando la indiferencia recae en el dolor humano, nos impide oír el clamor de los pobres.
Ante el drama de los pobres, denuncia que si no hay futuro para los pobres en la iglesia, tampoco lo habrá para una iglesia sin pobres, la comunidad cristiana también se deja parasitar, cuando la indiferencia recae en el dolor humano, nos impide oír el clamor de los pobres al borde del camino, nos hacemos inmune a la compasión y ternura, esto se convierte en razón de condena ante el juicio de Dios por mucho que hayamos comulgado, se abre un abismo entre Dios y nosotros. La iglesia asume una gravísima responsabilidad no saliendo a defender los derechos de los pobres, ante quien sea.
Copio literalmente algo de sus conferencias:
“Lo que voy a decir temo que no sea políticamente correcto. Nadie os lo dirá. Puede incluso que nadie lo piense. Pero tengo la certeza de que esa violencia que la política, las leyes, el poder, ejercen a la vista de todos contra los emigrantes, es una escuela de violencia contra los indefensos de la sociedad, contra los más vulnerables, una escuela en la que aprenden sin esfuerzo los violadores, los maltratadores, los asesinos de mujeres y niños. El racismo y la xenofobia que la política, las leyes, el poder, exhiben a la vista de todos, es una escuela pública gratuita en la que la sociedad interioriza sin reparos racismo y xenofobia.
Y lo que digo a quienes tienen poder de decisión en el ámbito de la política, me lo digo a mí mismo y lo digo a toda la sociedad: no avanzaremos un paso en el camino que lleva a un mundo más justo si no reclamamos en primer lugar para los demás –para los pobres– los derechos que exigimos se nos reconozcan a nosotros.
Los emigrantes son la evidencia de un mundo injusto, inicuo, perverso, atravesado por una violencia institucionalizada contra los pobres.
Y así cometemos la última gran traición: la de hacer que los pobres tropiecen en «el gran engaño», la de hacerles creer que la felicidad es de casa en nuestra forma de vida, que lo deseable es poseer, enriquecerse, dominar, consumir…
Lo deseable es acoger, respetar, amar… trabajar por un mundo levantado sobre los tiempos del verbo dar, un mundo de hermanos que se sienten solidarios todos de todos…
Los emigrantes son una llamada de Dios a volver a la gratuidad del paraíso terrenal”.
Confieso que al leerlo mi corazón se ha reconfortado, es como si dando un un gran suspiro toda yo me hubiera encajado. Sí, otra forma de vida es posible, otra forma de amar es posible, otra forma de ver al hombre a la humanidad, al hermano, no sólo es posible, sino un deber, una obligación de los que nos decimos cristianos.
¡Sí a la vida!
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