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Carismas

 

                                      Primera epístola a los corintios 12, 1-11

   Pablo en esta epístola habla a los corintios, venidos del paganismo. Al igual que ellos, nosotros, en muchos aspectos estamos paganizados, por estar influenciados, atraídos por los placeres y la vanagloria, con la mente y el corazón taponados de cosas superfluas, vivimos insatisfechos, divididos y desgraciados, ya, que a la vez, queremos a Dios, con todas las gracias del Espíritu Santo. Pero... nuestra disposición, no es adecuada para recibir el Espíritu con sus dones y carismas.

    A Dios no hay quién le gane en generosidad, es todo gratuidad, puro amor, -que en nosotros se convierte en misericordia- nos da cielo y tierra, dándose todo Él entero, sin guardarse nada, se nos da como Padre, nos regala su Palabra en el Hijo que nos salva, su Espíritu Santo, fuente de todo don, Señor y dador de vida que nos guía y nos transforma, realizando su obra, en cada uno de sus hijos !Dios se nos da en su Trinidad! ¡Siendo todo para nosotros! ¡Total y completamente!

     La obra de nuestro Ruah, es glorificar a Jesús, dar testimonio de Él (Juan 15:26) con su unción, nos infunde vida, nos santifica, nos guía hacia la verdad completa, nos transforma, realizando en nosotros la naturaleza y carácter de Jesús, nos hace hombres nuevos, capacitados para realizar nuestra vocación en el transcurso de nuestra vida.

      En nuestro bautismo fuimos besados con el mismo beso del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, con ese mismo beso que es el Espíritu Santo, hemos sido bendecidos, acariciados, tocados, ungidos, sellados, convertidos en templos vivos ¡Suyos! Donde Él mora, con su amor, dones y carismas con todo su ser de Dios. Efesios (4, 11- 13) O sea, según su voluntad nos da sus dones que son gracias del Espíritu Santo y los carisma que son regalos, una manifestación visible del Espíritu, para evangelizar, para la edificación de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo y para construcción de la comunidad, no para provecho propio. El único don que es personal es el don de lenguas, que viene del don de Piedad, que es para orar, alabando a Dios.

       Dios siendo tres personas distintas, es un solo Dios, unido por el amor; con este único amor santificador, ama a los hombres. Los fieles, que corresponden a Dios, viven un proceso de santificación, sintiéndose y viéndose amados, con tal plenitud de amor que no pueden contenerlo en si, pese a que el corazón se les ensancha, esto, hace que se enamoren de su prójimo por ver en ellos la persona de Jesús, y aman, depositando y derramando el mismo amor de Dios que les rebosa en el corazón, y con este amor, depositado en los demás, amamos a nuestro Dios. Es decir; el mismo amor de Dios, hace que nos amemos unos a otros y el resultado de amarnos entre nosotros, es el amor, con el que amamos a Dios. Aquí están los frutos, las obras, el resultado de la presencia y la acción del Espíritu Santo.

          Al igual que Dios se nos da Todo, para recibir este Todo, debemos dejar nuestro interior completamente vacío para recibir tal abundancia de dones de amor, con el que somos amados y regalados, ya que su amor es infinito ¡Sin limites, como Él mismo! Por esto, mientras más amamos, más se nos ensancha el corazón. El corazón, compuesto de tejido muscular y sangre, del tamaño de un puño, Dios lo capacita para contener todo su amor infinito, de manera que en su nombre, junto con Él, amemos a nuestro prójimo, mirando, tocando, acariciando, hablando, con todo nuestro ser y toda nuestra vida ya que no somos nosotros los que vivimos sino el Ser ¡La Persona y la Vida de Jesús! Gálatas (2:20) El amor de Dios tiene la virtud de agrandar las capacidades de amar y el milagro de ser Él, el que ame a través nuestro.

        Lo mismo, los sagrarios, que son preciosas cajas que no puede contener ni montes, ni ríos, ni fuego, ni cielo, ni tierra, ni universo por el amor inmenso de Dios, contiene el ser más grande y maravilloso que existe ¡El mismo Señor Jesús! Y... esto, sólo por el hecho de su amor. El Amor hace maravillas, haciendo nuevas y grandes todas las cosas.

          Lo vemos en los padres, cuando tienen un hijo lo aman con locura ¡Con todo su ser! Pero los padres que tienen diez hijos, se le ensancha el corazón, teniendo la capacidad de amar a cada uno, igual que el primer padre a su único hijo ¡Con todo su ser! No por tener más hijos, son menos amados.

           Debemos desear los dones de Dios? A Dios y todo lo que viene de Él, lo debemos de desear ¡Con pasión! Lo contrario seria despreciarlo por falsa humildad. Él esta deseoso de regalarse al hombre, y al recibirlo nosotros, debemos de tener una actitud totalmente humilde de abandono, de entrega, de vacío de toda mundanalidad, de todo lo que no venga de Él y como miembros de la iglesia que somos, estamos obligados a pedirlo sin miedo, unos para otros, con constancia, para que nos alcance a todos. Pidiendo al Señor sus bendiciones, dones y carismas con confianza total porque nuestro Dios es el Ser Siempre Vivo en una Iglesia siempre Viva. Cuando Dios concede dones a los hermanos, tenemos que celebrarlo, alegrándonos, estos, no pueden ser motivos de desánimos, envidias o divisiones, y de recibirlo nosotros, no podemos enorgullecernos, - tenemos siempre que andar en humildad, muriendo a nosotros mismos- tener en la mente grabado que el don por excelencia es el AMOR , 1ª Cor (13: 13) si este nos falta, toda nuestra vida es una mentira.

              Si somos consciente de la Inhabitación Trinitaria, de su acción en nosotros, por fuerza, tiene que haber cambios serios en nuestras vidas; de mentalidad, carácter, actitudes, en correspondencia a su acción que nos lleva a realizarnos en este mundo como hijos suyos, por la transformación de la mente Rm (12:2) que nos capacita para ser testigos, apóstoles, y sacerdotes y reyes por lo que nuestra vida tiene que ser el resultado de la experiencia personal del Amor del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo ¡En Cristo! Con Él, en Él, y por Él. Jesucristo el Dios siempre presente en medio de su pueblo. Vivir estos misterio ayudados de los sacramentos, y ejercitando las virtudes más sencillas

            Los frutos son las consecuencias, las obras, el resultado, de la presencia y la acción del Espíritu Santo a través de sus dones y carismas.

                                                         ¡Sí a la vida!    

 

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