Todos los años, por estas fechas por el exceso de calor, son muchos los pájaros que caen de los nidos, el no poder pasar de largo, mirando para otro lado, me hace vivir unos verdaderos poemas llenos de los más profundos sentimientos. Pese que me repele el cogerlos, tocarlos, alimentarlos; para después ver, como se les estropean las plumas, se deterioran, languidecen y ante mis rezos y lagrimas mueren, me entristezco tanto que prometo no coger ninguno más. ¡Para nada! ¡Lo vuelvo a hacer!
La semana pasada muy temprano, yendo a mi andadura mañanera, me encontré en el suelo, lo que creí un diminuto gorrión, estaba asustado, dando saltitos tembloroso, me costó cogerlo varios intentos, una vez entre mis manos, me volví a casa, le di agüita y lo acomodé. Compré una bolsa de alpiste, por ser tan pequeño, se lo daba grano a grano, después de hacerle bastante presión en el pico, el puñetero se negaba a abrir la boca. Al día siguiente me trajeron otro aún más pequeño, los puse a los dos juntos, el mayor le daba unas tundas soberanas al pequeño, no se decir si era el macho el que zumbaba a la hembra, o esta al macho, por mucho que los observo no se el sexo de cada cual, me es un gran interrogante.
Cada cuatro horas, con una paciencia insólita, iniciaba el rito alimenticio. Observé que igual que comían defecaban, granos de trigos enteros, recurrí a molerles la semilla en un mortero, como era un trabajazo pasé a hacerlo en mi preciosa batidora ¡Desastre total! la estrené para tal menester y en la primera batida ¡Clic! ¡Se rompió!
Donde vivo no hay tiendas para cosas especificas, opté por trasladarme a otro pueblo, pedir información y comprar alimentos más apropiados para los pájaros, muy contenta volví con dos bolsas de comida, distintas y unas vitaminas, empecé la nueva alimentación, al día siguiente, ante mi asombro veo que tienen colitis, se lo comento a un amigo y me dice: “es que no son gorriones son golondrinas”.
Ante mi desconcierto, decido hacerles una fotografía a los dichosos pájaros, con ella en mano me traslado al pueblo donde está la veterinaria, cuando llego, no está, se encuentra en un campo viendo unos perros, al campo que voy, después de oírme y ver la fotografía dice que no sabe que clase de pájaros son que lo consultará con un amigo pero que cree que no son ni gorriones ni golondrinas que son aviones. Ya casi sin aire... le pregunto ¿Y que les doy de comer, hoy viernes por la tarde? Me recomienda un liquido que es caro pero que me puede servir hasta que me haga de tenebrios y grillos. Vuelvo a la consulta y compro el liquido ¿20 euros?
Ya en casa, de súbito en un pispás ¡Se hace la luz! Recordando que tengo los bichos congelados del año pasado, vuelvo a preguntar a la veterinaria si se los puedo dar después de tanto tiempo congelados, dice que sí. Armándome de valor sin fuerzas ni para abrir la puerta del congelador donde en la mayor de las soledades se encuentran los cadáveres del majar de los pájaros, me doy ánimo a mi misma para sacarlos, poniendo manos a la obra. Temblando como si fuera el mayor de los delitos, dispuesta con pinzas, tijeras, jeringas y tapones de botellas para los bichos, saco las cajas con lo gusanos y grillos.
Empiezo la nueva alimentación, con un asco que me puede, abre pico mete gusano, corta grillo, abre pico... ¡Cuatrooooo! ¡Cuatro veces al día! He conseguido que no se les estropeen las alas, no me parece que engorden mucho pero se ven sanitos. Al pequeño lo he puesto un momento sobre la mesa mientras cogía al mayor, de pronto como un rayo, sin darme cuenta, levantó vuelo y ante mis gritos de asombro, en línea recta voló, los seis u ocho metro que hay hasta la ventana, saliendo y confundiéndose entre el jolgorio de pájaros que hay en el jardín. Me quedé planchá, con un sofocón.
Dos días después habiendo terminado de alimentar al mayor, como suelo hacer, lo dejo suelto en la galería con las ventanas cerradas, para que coja fuerza y más adelante pueda volar. Al ir a recogerlo ¡Ay madre! ¡No está! Lo he buscado por toda la casa, no hay huella alguna, se ha evaporado. Después de dar mil vuelta he descubierto que una de las ventanas por la parte de arriba tiene un hueco porque no ajusta ¡El muy sinvergüenza lo descubrió! Es la primera vez que no se me mueren los pájaros, estoy esplendorosa, de orgullo y satisfacción. Pero... doy fe de ello ante Notario ¡Lo he sudado!