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No quiero que estas páginas sea una inculpación sin piedad, sino un canto de amor desde lo más hondo de mi ser. Por salud física, mental y espiritual necesito exteriorizar y analizar mis pensamientos, ordenándolos, para comprender mis sentimientos, ya que no debo vivir atorada, congestionada.
Dice Oscar Weill que el secreto de la vida es el sufrimiento, ¡pobre e ignorante de mí! no sé, ni valgo nada, pero... ¡no! no, el secreto de la vida es el amor, desde que en una cruz en el más cruel de los sufrimientos, fue expuesto y dado por el Hijo de Dios. Es un secreto a voces, por continuar proclamándolo ¡con hechos de amor! Es verdad, que quién no sufre no sabe lo que es amar en donación, hay que sufrir para mejor saber amar; ya que no hay dolor que permanezca, el amor sí, vino y se quedó ¡venció! y no existe derrota posible ante lo que es el amor. Es, por lo que el dolor que me has producido, no me impide comprenderte, compadecerte, quererte, dándome más capacidad para ello, todo dolor no sirve para otra cosa que para hacernos mejor, nos capacita para madurar, agrandando, preparando el corazón para más amar. ¡No me ciega el dolor! cómo para no querer continuar viviendo, igual, que niña que despierta a la vida. Las alas de mi alma no las has dañado, ¡continúan intactas! con deseos ilimitados de volar, de experimentar, de gustar, de amar y ser amada. Veo, la panorámica de mi vida sin límites, como la sucesión de la misma vida que está en mi, y yo en ella, y ésta, me empuja, me arrastra a resurgir, a seguir viviendo y amando. La vida no es para mirarla es para zambullirse en ella, para anegarse, imbuirse, embriagándose, enloqueciendo de placer al estar envuelta en semejante energía que te hace estar viva, junto con toda la creación ¡Vivir! ¡Vivir siempre para continuar amando! ¡Para amarte! ¡Los corazones están hechos para recomponer todo lo roto! ¡Con su amor!
¡Sí, a la vida!
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