El significado de Rut es compañera fiel. Es un libro pequeño de autor desconocido, fechado en tiempo de los jueces, cuenta una agradable historia de amor, con sus penas y alegrías, de vida y muerte como pueden ser las nuestras, o la de tantas otras personas, con final feliz de boda y el nacimiento de un heredero Obec, bisabuelo de David. Rut 4:17-21)
Relata que forzados por una gran hambruna, una familia de Belén de Judá (casa de pan) emigran dejando el pueblo elegido, su tradiciones e historia. Aventurándose llegan a Moab -nación que siempre estaba en conflicto con Israel, y que había surgió del incesto de Lot, con una de sus hijas- Aquí, se asentaron normalizando sus vidas.
La ley del levirato(Deuteronomio 25:5-10). les prohibía a los israelitas casarse con extranjeros por temor a que Dios terminara siendo para ellos un desconocido, ante la posibilidad de que se apartaran de Él y de la espera del Mesías, por caer en la adoración de dioses paganos. Los hijos de Alimélec y Noemí se casan con dos moabitas, Mahlón con Rut y Kilión con Orpa.
Pese a todo lo que les separaba por las vivencias de mundos tan diferentes en los que se habían criado, Rut en la relación con su marido y la familia de este, debió de comprobar como observaban la ley, relacionándose con el Dios de Israel, se sentiría atraída por este Dios que la conduce a una experiencia distinta de amar, abriéndole nuevos horizontes, al experimentar la misericordia del Señor que la lleva a vivir un amor de donación, hasta el punto que al morir su esposo, con decisión, prefirió ir con su suegra a Israel, renunciando a todo lo que había sido su vida, haciendo una ofrenda limpia, humilde y sincera de ella misma. Sin lugar a dudas, esto se produce por un recibimiento de gracia, ya que la persona de Noemí no era suficiente para tal entrega, de esta manera, siendo mujer y extranjera en contra de la ley, es bendecida, entrando en la historia de la salvación por todos los siglos, convirtiéndose en parte del linaje davídico, al descender de ella David y Jesús el Hijo de la promesa. (Rut 4:17-21); Mateo 1:5. De esta narración se desprende que de todas las circunstancias que vivimos se vale el Señor, para tratarnos con misericordia. dando cumplimiento a sus promesas y planes.
También vemos en estos pasajes que la gracia del Señor alcanza a todos, creyentes, o no, que donde hay pecado sobreabunda la gracia, que Dios siempre, cumple sus promesas pese a los obstáculos. Una hambruna los lleva al destierro, donde son desolados con la muerte y perdida de todo, volviendo al pueblo de Dios a la que ha sido la comunidad de Noemí, si nos dejamos guiar por Él en nuestras oscuridades, nuestras lagrimas, se convierten en gozo. Porque ahí, donde Él habita, siempre embellece con su santidad y misericordia, porque su hermosura es el adorno de su casa.
Noemí buscando pan salió con su familia de Israel, derrotada vuelve sin nada, a su Dios, con una mujer extranjera que se identifica con ella tanto en la muerte como en la vida que con sinceridad busca a Dios, al cual descubre, experimentando un amor que enamora que engancha, que levanta sentimientos, desde lo más profundo, dándole olor a eternidad, haciéndola vislumbrar el más allá.
Rut nos muestra que en su sufrimiento no se centró en ella, siendo capaz de poner su vida bocabajo, sin importarle dejar de ser quien era para atender a su suegra anciana en su pobreza.
Nuestra creencia en Jesús ,nos hace ver y creer que cuando amamos es Dios mismo, el que ama y se da a los hermanos, a través nuestra. Con el ejercicio continuado de actos de amor, llegamos a la madurez humana que nos hace avanzar, también en la espiritual, creciendo en nuestra vida en serenidad, ante los acontecimientos de cada día, sean lo que sean, a causa del amor recibido que anida en nosotros, o sea el Espíritu Santo que es quién transforma, ésto, es vivir de su amor que nos capacita para que a ciegas sin comprender, le dejemos tocar, abrazar, oír, hablar, amar a los demás a través nuestra.
Por lo tanto, vivimos -con y del- Espíritu Santo siendo Él, quien realiza su obra en cada una de nosotras, sintiéndonos seguras, sin miedos, con la certeza de saber que Señor, es el sentido de nuestra vida, no siendo ésta, un desperdicio. Al vivir de Dios, en Dios, vivimos a lo divino, pisando su luminoso camino, gustando que bueno que es Jesús, prendadas, enamoradas, extasiadas por esta unión, hecha con lazos de amor que sólo el pecado sin arrepentimiento puede cortar.
Vivir al servicio del Señor es adoración, a la Trinidad, no habiendo adoración más real y sincera que la del servicio porque esto, es darse en donación en honor a Dios. Nuestra vida es igual que la de las personas que no tienen fe, lo que la diferencia es el ser consciente, de la presencia del Señor, de sabernos acompañados por Él, entonces, todos los acontecimientos sean lo que sean. se viven de manera distinta porque con Jesús sabemos, que toda muerte tiene resurrección, siendo un honor, una gracia Divina el vivir aquí, en la tierra, nuestra vida unidos a Él, con la certeza de que toda muerte, nos lleva a la plena luz del amor, a su plenitud. Toda estabilidad, toda nuestra felicidad, depende de la relación que tengamos con Dios y con el prójimo, de lo contrario nos diluimos en el mundo, perdiendo sabor y gozo espiritual y lo que es peor, su presencia.
Que como Rut digamos, no a nuestras suegras, sino a Jesús: no permitas que te deje, apartándome de ti, porque a donde tu vayas quiero ir yo; y donde tú vivas quiero vivir yo; tu pueblo, es mi pueblo y tu Dios mi Dios. Como tú has muerto y has sido enterrado quiero morir y ser enterrada yo porque sé que ni la muerte me separará de ti, siendo tú en quien resucitaré, y viviré por años sin términos. Amén
¡Sí, a la vida!
11-06-24