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Tras una conversación que despertó mi interés, de improviso, sin pensarlo, me informé. Lo comenté y cuando me vine a dar cuenta ya éramos cuatro, para realizar el mismo viaje, sin saber si sería posible realizarlo por mis ocupaciones. Lo fui preparando día a día... Afortunadamente llegó la fecha sin sobresaltos.
Inicié la marcha hacia el AVE. Como teníamos tiempo sobrado, paramos a desayunar, sin tener en cuenta que al estar Sevilla toda rota en verano, no encontraríamos por donde pasar; La Ronda, calle Feria, Macarena... entramos por la Alameda, nos dimos de bruces con el mercadillo ¡Imposible! Quién me llevaba miraba cada vez más el reloj, llegó un momento en que dijo: "¡No llegamos!". Manifestando una tranquilidad que no tenía, exclamé: "¡Sí hombre, ya verás!". Con sorpresa vi como se empezaba a saltar los semáforos, con miedo grité: "¡Por Dios para, me vas a matar!". Al llegar al siguiente, paró. Con premura le incité "¡pasa, pasa...!" No sé cuántos semáforos nos saltamos: todos... Ya en la estación para más rapidez entramos a contramano, a sólo tres minutos para arrancar el tren. Aparecí en la escalerilla solitaria, como quién llega con todo el tiempo del mundo, aparentemente relajada y tranquila. Mis tres amigas sofocadas, nerviosas e histéricas por la espera, al ver mi compostura, me querían pegar. Gracias que no había tiempo ni de buscar el vagón que nos correspondía, montamos como pudimos y una vez instaladas, tomé conciencia de que estábamos camino de Madrid.
Llegamos plegadas por la apretura de piernas, fatigadas y sorprendidas por la muerte de "Lady Di". Otro tren nos llevó a Huesca, donde nos recogieron metiéndonos en un Mini, en el que no cabíamos; como pudimos estrujamos el equipaje, y esta vez... nos tuvimos que plegar enteras. Al atardecer llegamos a nuestro destino: Valle de La Gloria. Ante nuestros ojos, alta, soberbia, desconcertante, se extendía una fortaleza de ocho siglos, nos dio una impresión tétrica, las puertas tan desvencijadas, los viejos muros, el desnivel del suelo, que nos hacia tambalear las piernas aún dormidas... Una de mis compañeras empezó a preguntar: "¿Dónde nos hemos metidos?". Mientras otra exclamaba: "¡Qué horror, yo me voy!". Intenté tranquilizarme mostrando indiferencia. Ya dentro nos dieron las habitaciones ante el espasmo y la risa nerviosa que nos sacudía. Cenamos deprimidas, tristes y nos fuimos rápidas a dormir. Al entrar en el aposento que me había tocado, me paralizó el miedo. Era tremenda, con huecos, armarios, alhacenas, todo lleno de bolsas con ropas o papeles.., salí que escarbaba diciendo: "yo no duermo ahí, van a salir ratas". Al ver cuan desconsoladas estábamos todas, me envalentoné diciéndoles: "bueno, voy a intentarlo, si sale una rata me acuesto con una de vosotras". El cansancio me hizo dormir de un tirón.
Con el día, empezamos a conocer gentes, se empezó a crear un ambiente cálido. Pasamos una semana deliciosa, oliendo el polvo de la mucha maderación de ochocientos años, los murciélagos era el adorno más natural de los claustros, nuestras risas, que no se interrumpían, eran una sinfonía, acompañada por la dulce y melodiosa música de la cítara (que con gran admiración pude contemplar y oír). Los viejos muros nos devolvían ampliadas nuestras risas y voces, rodeándonos de un ambiente alegre y jovial. Mi nueva habitación, situada en la Torre del Homenaje, graciosísima, tras una puerta bajaba unas escaleras, desembocando en una gran y única estancia, situada al este. Apoyada en la ventana se paraba el tiempo, al contemplar una vista única e insólita, a los pies de la sierra de Guara. Recorrimos todo el Sistema Aragonés, con sus desfiladeros, altos, ásperos y escarpados. Monte Perdido, Valle de Ordesa, con su esplendoroso Parque Nacional. Ciudades como Alquézar, con su artística Colegiata. Aínsa, ciudad medieval, donde te crees transportada a otros tiempos. Torre Ciudad, magnifica y esplendorosa. La ladera, aún desolada por los efectos del desastre del camping, me dio frío. El agua nos acompañó aunque sin dejar de brillar el sol.
Al final, de nuevo, Huesca, desde donde volvimos, dejando nuestras nuevas amistades y sabiendo más de mis entrañables amigas. El deseo de volver a los míos palió la nostalgia.
Fueron unas vacaciones inolvidables.
¡Sí a la vida! ![]()