En mis paseos solitarios, con mi pequeña perra, por los caminos de la sierra, todos los vecinos nos vamos saludando, excepto dos personas; una, nunca responde, y el otro lo hace rehuyendo. No sé el por qué.
Durante muchísimo tiempo he saludado al primero sin obtener respuesta, me decía a mí misma: "no importa... tú dale amor, mucho amor, amor en los gestos, amor en la mirada, amor en la sonrisa, hasta que lo ahogues en amor", así día tras día, sonrisa y amor. ¡Diecinueve años! Con los dientes y las mandíbulas desencajadas de tanto sonreír, y el brazo y la mano dislocados de tanto saludar. Un día me dije; "¡No! yo no estoy actuando bien, éste hombre no quiere que lo salude y le estoy molestando". Han pasado seis años más, éstos sin saludos; la verdad, que él y la situación me resultan simpáticas, aunque a veces, me asusta cuando me lo encuentro a caballo de frente, y se le pone tan mala cara, que creo que, como un nuevo D. Quijote va a sacar la lanza y me va a ensartar en ella; y cuando aparece con el todo-terreno, se me hace un tanque dispuesto a disparar en cualquier momento. Es como si tuviera que empezar a bailar saltando para esquivar el fuego. Cuando ya pasa, me da la sensación de quedar envuelta como en una especie de niebla, y me digo: " le tiene que pasar algo muy gordo, pero... ¿Qué?".
No le he quitado ninguna herencia, no le he secuestrado ningún familiar, no me he quedado con su puesto de trabajo... Lo que quiera que tenga el pobre hombre, debe de ser poco menos que imperdonable.
El otro señor con el que me encuentro, devuelve el saludo forzado, esquivándome, con hum... sin mirarme. Este verano se ha producido el milagro. Se ha parado y me ha hablado con agrado en varias ocasiones, cosa que me ha encantado tremendamente. Por lo que fue enorme mi alegría.
Pero hace unos días, buscando datos para hacer un trabajo, me topé con el foro del pueblo, -al que tengo por norma no entrar ni admitir comentarios, al saber como sufren las personas por la agresividad verbal que se emplea algunas veces-, y ante mis ojos, sin buscarlo ni pretenderlo, me veo con una información sobre mi pobre persona y ¡oh sorpresa! Era de mi bendito Bartolomé, diciendo: "esta señora rígida y puritana"... la sangre se me paró, quedándome helada, ya que los comentarios no me atañían solamente a mí, pudiendo tener graves consecuencias. Me quedé sorprendida y avergonzada, reflexionando y preguntándome: "Bueno ¿será verdad lo que dicen algunas personas, que en el pueblo hay un microclima que afecta a las gentes? ¿Lo habrá absorbido todo este señor, y se va a terminar este fenómeno?"... La verdad es que en veinticinco años, no habré cruzado con él más de seis minutos de conversación, hace unos doce años quitando las paradas de este verano-, ¿Cómo puede ser que trescientos sesenta segundos, puedan dar para hacer un juicio tan preclaro, lúcido, contundente, inteligente pero incierto?
En fin, podría haber sido peor, por ej. si dice: "esta señora rígida y beata" ¡¡¡Uf!!! ¡Horror! ¡Beata? esta palabra si que me es horripilante, y me podría haber enfadado, enojado, contrariado, irritado, enconado, airado, desagradado, malhumorado, incomodado, colmado, fastidiado, disgustado, mosqueado, molestado, indignado, encrespado, enfurecido, encolerizado, encorajinado, enervado, exaltado, exasperado, exacerbado... Pero no, gracias a Dios se ha quedado en "rígida y puritana" ha sido condescendiente; le estoy agradecida.
Pues bien, continuaré con los paseos, saludos y sonrisas y cada vez que me los cruce, los miraré todavía mejor, lo haré de tal manera que traspasaré sus miradas, sus mentes, sus corazones, hasta ver en ellos los ojos de Dios, su Dios y mi Dios.