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El viernes, a la salida de la oración, uno de mis hermanos, repartió su último y recién sacado libro "CONVERSACIONES CON JESÚS"
Hoy, Domingo, después de la celebración de la Eucaristía, he leído unos capítulos del libro. Me ha conmovido por su sencillez, por su corazón desnudo sin doblez, por su apertura de sentimientos brotados del alma, envueltos, en un inmenso amor forjado en la continúa relación de Tú a tú, con el Hijo de Dios ¡Jesús!
Conozco la trayectoria del autor, su vida, que desde lejos siempre la he seguido, con interés, me encanta, le doy gracias a Dios por él. En él, se cumple lo que dice S. Pablo: "¿Quién nos separará del amor de Cristo?" Me he quedado pensando un rato sobre mí hermano y amigo, el cual, tiene una vida interesante y apasionada, llegando a reafirmarme en lo que muchas veces pienso: que cuando el amor de Dios se enraíza en nuestros corazones, dejando de ser unas ideas, unas costumbres, un método educacional, un bueno... ¡Por si acaso! Los avatares de la vida, las circunstancias, que nos rodean, los desaciertos o aciertos, los sufrimientos, nada nos separa del amor de Cristo.
En mi reflexión sobre Isidoro, me pregunto ¿Por qué no es así, en todos nosotros, los bautizados? ¿Por qué estamos tan desorientados, confundidos, asustados, perdidos, tan locos en el mundo? Se me reafirma lo que es mi parecer, nos falta lo principal. Nos adoctrinan hablándonos de la persona de Jesús, nos explican la Palabra, nos inician en los Sacramentos, nos dan todo el libro de texto, pero todo desde la teoría, porque no somos introducidos en la sencillez de la oración, en el conectar con el Señor, no sabemos hablar de la Palabra, de Jesús, de Dios Padre, del Espíritu Santo, desde la vivencia profunda de nuestro cada día, de nuestro corazón, transformado por haber vivenciado experimentado, gustado desde la transformación más profunda de nuestro ser, por estar sumergidos, en ese océano que es Dios, de Luz y Amor. Creo que aquí ésta el fallo.
Somos preparados para la vida, ésta vida de nuestro mundo, tan dura y áspera, deseosos sólo de ser feliz. Tener suerte, salud, alegrías, conocimientos, dinero, pero no para lo que nos espera, la Vida Eterna. Vivimos la fe sin interés, por costumbre, por si acaso hay algo, porque así me lo enseñaron. Pero... la Verdad por su sencillez no sabemos vivirla, nuestras palabras, enseñanzas, testimonios, están anestesiados o muertos. ¡Y es tan sencillo!, tan fácil, tan verdad! "Jesús, es presencia y experiencia" sólo y simplemente porque ¡¡¡Jesucristo vive!!! Aquí, ahora, en éste instante, ésta para ti, para mí, y para el de la moto. A Jesús, no hay que buscarlo mirando al cielo, a lo lejos, el Señor no es algo que pasó, no, ¡Vive! ¡Está vivo! ¡Está! y es facilísimo conectar, conversar, amar y vivir con Él y en Él.
¡Sí, a la vida!
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12/02/2012