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San Vicente y Santas Sabina y Cristela. Eran hermanos, murieron martirizados sobre el año 304, en Talavera (España)
Los pecadores seremos santificados a base de mirar a Dios, no a uno mismo. Al mirar la grandeza del Omnipotente, que nos ve el fondo del corazón desnudo, tal como somos, sin apariencias, máscaras, o cinismos, nos debe llevar a reconocer con humildad nuestro ser pecador y la necesidad que tenemos de ser cubiertos con su piedad y misericordia.
Para no actuar con soberbia tenemos que conocernos con humildad, verdad, seriedad, responsabilidad y autenticidad; dejando toda hipocresía en las formas y actos; para esto, tenemos que tener deseos de conversión, fortaleciendo la voluntad, para no fallar en el examen diario que es lo que nos ayuda a conocernos, llevar una vida de piedad intensa, sin acercarnos con superficialidad y falsedad sino interiorizando la Palabra, la oración y los sacramentos. Poniendo el alma en cada palabra, en cada gesto para que se abra nuestro interior a la gracia y bondad del Señor que nos dará la actitud correcta para que la relación de comunión con El y los hermanos sea sincera.
No seamos tristemente cristianos equivocados, fanáticos y falsos porque el Señor detesta a los soberbios pero escucha las suplicas del oprimido, libra de toda angustia, está cerca de los atribulados, salva a los abatidos, redime a sus siervos, se preocupa de los pobres y débiles, de los humildes e indefensos, no castiga a quien se acoge a El.
El cristiano que está cegado y equivocado, puede tener un sentimiento religioso vacio de Dios, viciado y descentrado del evangelio, no encontrará al hermano, arremeterá contra él. Cuándo a todos hay que mirarlos con amor y ternura, como si fueran nuestros hijos, padres o hermanos porque no nos une a ellos una sangre cualquiera, sino la de Jesucristo, la sangre de Dios que nos hace hermanos.
Que nuestra seguridad sólo sea Dios, seamos coherentes con nuestro pensar, querer y actuar para no ser modelos de nosotros mismos sino de Jesús, convertir el corazón con fidelidad y abandono, ser humilde en nuestra raíz profunda, optar por Jesucristo, su evangelio, su ley que implica seguir el Camino de la Verdad y la Vida, ante la atenta mirada del Padre celestial.
Si la oración que es la comunicación con Dios, no nos lleva a servir a los hermanos, hay que sospechar que no andamos en humildad y verdad, que estamos lejos de la realidad que es Dios. Porque la santidad es el adorno de su casa. Los que damos culto a Dios debemos vivir con tremenda moralidad, con rectitud para que le demos a El la Gloria por los siglos de los siglos. Amen.
¡Sí la a vida! ![04[1]](https://idata.over-blog.com/3/38/90/48/04-1-.gif)