San Evaristo, de padres judíos, fue papa y mártir.
El desarrollo de la humanidad es necesario y digno cuando se hace desde la ética y la moral, mirando a lo alto. Nunca se puede basar en injusticias sociales, como: la esclavitud y explotación de una parte de las personas,- para el bienestar del resto- a costa de dejarlas empobrecidas, malviviendo y muriendo. No puede haber desarrollo sin respetar el primer derecho fundamental y urgente de la humanidad que es el de la comida.
La parte transcendental del hombre no se satisface con nada, solo descansando en Dios, es el máximo al que puede aspirar el hombre. No hay más qué, el que Es, principio y fin, garante de todo lo existente; el Absoluto ¡Dios! Todo lo demás se esfuma y perece.
Estamos inmersos como ciudadanos en una sociedad hipócrita, en la que vivimos del fingimiento y la apariencia, ignorando y escondiendo la verdad. Las leyes velan por la justicia pero no libra del pecado. De este, podemos salir por la unión con Jesús que libra de la ley del pecado y de la muerte, porque solo Él puede hacerlo. Responsablemente, no debemos, ni queremos vivir mundanamente, porque nuestra conciencia, nuestro corazón y nuestra alma están hastiados insatisfechos ya que están hechos para lo puro y bueno, para el amor; es por lo que necesitamos de la fuerza del Espíritu de Jesús, que transciende toda vida elevándonos sobre la muerte y la corrupción por lo que no podemos estar divididos viviendo en las cosas del mundo y anhelando la salud del Espíritu que nos salva. Dándonos vida y paz.
Si somos conscientes de que el mismo Espíritu que resucitó a Jesús, habita en nosotros, dejándonos amar y transformar, también vivificará nuestros cuerpos mortales. Permanecer en Cristo es la única alternativa para no vivir en la carne, sino conforme a Dios, creciendo y dando frutos, viviendo en plenitud. El Señor está con nosotros para esto, con su Palabra, su Cuerpo, su Sangre, con su Gracia y sus Dones y... al que se lo pide con sinceridad, El se da.
Únicamente los que viven del Espíritu poseen la libertad de los hijos de Dios .
¡Sí, a ala vida!