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Sin justicia, lo arrancaron de la tierra de los vivos, desfigurado, no tenía aspecto humano, sin belleza; despreciado, desestimado, humillado, evitado de los hombres, soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores. Triturado por nuestros crímenes.
He aquí, al Hombre, al hijo de María, levantado en alto, es a la vez el Sumo Sacerdote, que penetró los cielos, siendo la ofrenda que se ofrece a sí mismo, el Soberano, que voluntariamente, cómo dueño de su destino, usando de su libertad -por el bien de los hombres- da la vida, aceptando la condena a muerte, como hostia viva, santa, agradable a Dios en la consumación de su obra. Cuya sangre, vino a ser instrumento de propiciación para la humanidad.
En la manifestación máxima de su amor que es el del Padre, amor que supera el odio mortal, frente a la injusticia que lo quiere destruir, Jesús, es más fuerte, porque es el Juez, de la ley cobarde que lo condena.
La gloria que el Padre le comunica, brilla en toda su plenitud en esta hora, la fuerza que constituye el acto final, y supremo, de amor, dando por concluida, la tarea, a la obra del que lo envió. En esta ofrenda de amor, se da, hasta el último momento a sus enemigos.
Él, es el Germen, el Vástago de David, el Pastor, el Modelo, el Rey de todos, porque su misión es universal, el Mesías, el Ungido anunciado, en Quién, se cumplen todas las promesas. La cruz tortura es exaltada, al ser elevada sobre ella el Hijo de Dios, se nos muestra la victoria de Jesús sobre la muerte, Él, confiando en el Padre, venció a la muerte, con la vida, por el poder de Dios. Llevado a la consumación, se ha convertido para todos en salvación eterna, Él, es Jesús, el Cristo. ¡¡¡ El Señor !!!
Viernes Santo 2011
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Sí, a la vida