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San Francisco de Borja, presbítero. Nació en Gandía (Valencia) de padres nobles y acaudalados, sirvió en la Corte de Carlos V, de quien era amigo, al ver el cadáver de la Emperatriz Isabel de Portugal decidió “no servir a señor que se pueda morir”. A la muerte de su padre se retiró a Gandía, fundando el primer colegio de la compañía de Jesús, dónde eran admitidos seglares. Al morir su esposa renunció a todo, llegando a ser el III general de la Compañía.
San Pablo nos ha dicho en la lectura de Laudes que “el Reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rm 14, 17-19) La Palabra de Dios es para cada uno de nosotros, para el que la escucha y la acoge con fidelidad, si la encarnamos y la vivenciamos en nuestro interior, porque ella contiene todo lo que debe de ser nuestra vida; nos instruye la mente ensanchándonos el corazón. Su Palabra nos va transformando, haciéndonos a la medida de Cristo: siendo justos, hombres de paz, llenos de gozo, porque “la ley del Señor es perfecta y es descanso del alma, sus mandatos son rectos y alegran el corazón, la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos, la voluntad del Señor es pura y eternamente estable, los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos”.
En el evangelio de Lucas (10, 1-12) nos dice el Señor: “la mies es abundante y los obreros pocos ¡Poneos en camino! curad a los enfermos que haya y decid: está cerca de vosotros el reino de Dios”. Todos los miembros de su Pueblo somos enviados, siendo mensajeros de alegría, El nos capacita para que en nuestros caminos, en nuestra peregrinación hacia nuestro definitivo hogar, la casa del Padre, seamos los portadores de la “Buena Nueva” dando testimonio sin descanso con las buenas obras, sembrando esperanza, paz, dando aliento, descanso, siendo refrigerio, llevando salud y alivio, trabajando para consolar y humanizar, todo lo que nos rodea.
El Señor nos pide no apoyarnos en lo material sino solo y exclusivamente en Dios, viviendo en intensa relación e intimidad con El, porqué solo El, es nuestra fortaleza. Debemos testimoniarle en la Verdad de su Palabra, no desde nuestros criterios, tendencias, gustos o fanatismos; Dios es Verdad y a Él nos debemos. Tenemos que estar vacios de todo para que nos ocupe solo sus dones, o sea, Dios mismo, sin olvidar que vivir la pobreza y la austeridad, es el sello imprescindible de identidad cristiana, junto con la caridad.
Seamos hombres de paz que viven la paz, construyen paz y dan paz... Nuestra misión de cristianos es apasionante, como es Jesús mismo ¡Maravilloso!
Que todos los días de nuestra vida estén consagrados a proclamar alto y bien claro la Resurrección del que es el Camino, la Verdad y la Vida. Diciendo: “¡¡¡Está cerca de vosotros el Reino de Dios!!!
¡Sí, a la vida! ![bebe gateando[1]](https://idata.over-blog.com/3/38/90/48/bebe_gateando-1-.gif)