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Aunque con un poco de apuro, no puedo negarme a dar testimonio, del Ser que es mi vida. Espero no hacerlo con palabras vacías, que sólo resuenen, sino desde el corazón y en el corazón del Señor, queriendo acariciaros en lo más profundo de vuestro ser, con cada palabra… porque sois importantísimos para mí.
No puedo dar un testimonio tremendo y radical como a veces escuchamos de conversos, porque mi vivencia del Señor ha sido totalmente distinta. Me crié en un barrio obrero, en medio de las monjas del colegio. Compartiendo los días con ellas, empecé a conocer a Jesús.
No sé, ni cómo, ni en qué momento; me sentí tocada, amada, acompañada por un Dios cercano, amigo, siempre vivo, llamado Jesús que me miró, llamó y enamoró en plena niñez y para siempre. En mi corazón infantil no cabía dudas “mi vocación era Jesús” y “Jesús mi único camino” Recuerdo que la madre de una amiga nos decía: - quién se barre los pies no se casa- y yo, que tiritaba de deseos de Dios, cuando nadie me veía, escoba en mano con energía, me daba buenas dosis de barridos diciendo: - por favor Dios que no me case, que no me case….”- Y… a la vista está, no lo he hecho.
Nunca he querido hombre o mujer fuera de Él, ni jamás, he deseado ser amada por nadie más, qué por Él. Espero que así sea, hasta el día del gran encuentro.
El camino ha sido difícil, muy difícil, lleno de dificultades, contrariedades, trabajos, fracasos, amarguras; con mis grandes limitaciones de complejos, desaciertos, pecados, traiciones, comportamientos que no quisiera pero…. ¡Ahí están!
Muchas veces he tirado la toalla, pero siempre, siempre… el maestro ha estado ahí, paciente sin reproches, se ha levantado desde la escoba, y se me ha dado, porque la toalla que tiraba era Él mismo. Y con Él, he caminado en mis días de tinieblas, y en mis noches de luz. Él ha hecho las cosas distintas, hasta hacerme olvidar las penas, el dolor, las contrariedades. Haciendo que en mi vida haya más gozo y amor que dolor; por ser Él, el amor de mi vida, y el alma del alma mía, me ha hecho vivir a tope sin límites, como no se pueda pensar que se pueda vivir, mi historia de amor la vivo con mi protagonista deseado porque Jesús no es Dios lejano, imaginado, soñado; sino… ¡Vivo! ¡Cercano! ¡Intimo! ¡Real! He vivido por mi Señor, Él lo ha ocupado todo; para mí, no ha existido nadie, ni nada más que Él.
Hubiese querido hacer grandes, tremendas cosas por Él, pero… a estas alturas sé que no puedo hacer más que darle mi nada y que Él, no desea más que esta nada, que es lo único que poseo y que es la garantía de mi necesidad de Dios. Mi debilidad misma, ha llegado a ser un canto al Dios que me ama, porque en mi debilidad ¡Lo amo! ¡Lo ensalzo! ¡Lo proclamo! ¡Lo adoro! ¡Lo glorifico! y ¡Lo testimonio! Mi debilidad me ha hecho ver que mi fuerza y mi poder es el señor Él es mi salvación.
Muchas veces leía que espiritualidad es estar despierto, que espiritualidad, es despertar, lo reflexionaba, lo meditaba pero no lo entendía, siendo bien sencillo; Espiritualidad es ser consciente de la existencia, de la cercanía del Dio vivo, que entabla relación personal, relación de amor con el hombre, el mismo; que se encarnó, murió, resucitó, que acampó y se quedó, es el que nos acompaña, nos ayuda, nos comprende, nos anima, estando siempre con nosotros, siendo presencia viva, siempre a favor nuestro, que siempre opta por el hombre, por ti, por mí y por el de la moto.
En unos ejercicios, en una noche obscura, cuando todos descansaban, sentí grandes impulsos de ir a la capilla, salí hacia ella y ante tanta obscuridad me perdí, a duras penas pude volver a mi dormitorio, afortunadamente deje la luz encendida, y esta bailaba, riendo y saliendo por las rendijas de la puerta, como pude llegué y me acosté. No sé cuándo, me incorporé de un profundo sueño, escuchando unas palabras directas, claras, suaves, amorosas, no sé si en el entendimiento, -desde luego no escuchada por el oído-. Instantáneamente, una paz que no sabía que podía existir, me inundó por completo, dejándome embelesada, fuera de mí, abandonada en Él, penetrada de Él. Al día siguiente, me cubrió con su sombra y ante mi delirio y asombro de amor le hice una pregunta que contestó. Desde ese momento, hasta hoy, nunca he tenido dudas de fe, el resto del camino, lo he vivido en la práctica de la esperanza y la caridad pero sin dudar de la existencia del que me habló, tocó, me invadió... Trastocando, cambiando mi vida entera, con la suavidad de su amor dejándome un huracán de pasión. ¡No! ¡No puedo dudar, del qué Él sólo, es mi Verdad! no puedo negar lo que he vivido experimentado y amo con pasión loca.
Para mí, que ocultaba mi relación con el Señor viviéndolo en silencio como algo prohibido fue un descubrimiento y un descanso, cuando leí a Karl Rahner confirmándome lo que vivía y cría que Dios es presencia y experiencia. Nouwan también dice: "mi tarea espiritual verdadera consiste en dejarme ser amado plena y completamente y creer que en este amor llegaré al cumplimiento de mi vocación". O sea, estar despierto, es ser conscientes de la realidad del Dios vivo, en mi desnudez, de mi debilidad dejarme amar, porque sólo desde el amor, se traba amistad y se gusta al Dios incomprensible, e inalcanzable, desnudándome de todo.
Y Él, mi Señor, me llevó hasta el Padre, y puedo asegurar desde mi nada, que creo que no hay experiencia mayor de Dios, que la de experimentar a Dios como Padre. Desde ese día nunca he dejado de ser niña.
Después de mucho tiempo le dije al Señor repetitivamente que no me interesaba su reino, su cielo, ni su herencia, porque mi reino es Él, mi cielo es Él, mi herencia Él. Que en su reino me venía bien el último sitio qué lo que me fuese a dar me lo diese ya, ligero; porque quería despilfarrarlo en los hombres. Un día, después de la oración, sin venir a cuento, abrí la Biblia que reposaba sobre la cama y leí “la prenda de tu herencia es el Espíritu Santo” ¿Qué decir a partir de esto? ¿Cómo explicar cómo vivo!! Es… como si todo estuviera dentro de una nebulosa, no siendo vida real, porque mi vida real es la que no se ve, malvivo en mí, porque una parte de mi ser está aquí y la otra tira suspira y está fuera de mí. En el Dios de mi existencia.
La Prenda de mi Herencia me ha hecho ser consciente continuamente de la presencia de Dios, de su amor, de su Inhabitación Trinitaria, de la unción del Bautismo, de un amor pasional por el prójimo…
En Madrid me ha mostrado mi sitio, dónde debo de estar y permanecer. El Espíritu Santo es el beso que el Padre le da al Hijo y el Hijo al Padre, me siento besada con este mismo beso, y permaneciendo en Él, en el Océano de Amor y Misericordia, qué es el Espíritu de Dios, beso a mi vez al Padre y al Hijo.¡¡¡ Este es mi sitio!!!
Puedo asegurar sin mentir: que la ¡¡¡¡¡¡Experiencia más fuerte, real, transformante y feliz de mi vida ha sido y es Jesucristo, el Hijo de Dios vivo y de María Virgen!!!!!! ¡Él mi Vida! ¡Mi pasión! ¡El motivo de mi existencia! ¡¡¡¡¡Mi única Verdad!!!!!
¡Sí, a la vida!
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