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Tienes muchísimas cualidades, lista, astuta, tienes facilidad para aprender, capacidad de desenvolver cualquier trabajo si quieres, de lo contrario no. Ahora, a triste, aburrida y mal gusto no había quien te ganara. Era yo la que bailaba, saltaba, jugaba con Fátima, pasándolo las dos estupendamente, la niña reía y reía siendo feliz, le enseñé a cantar y tatareaba con gracia, tenía buen oído y humor que sabía manifestar entre alegres risas. Por aquel entonces era yo la que me ocupaba de su aseo personal tiempo que aproveché para enseñarle a rezar cantando, cantábamos tanto que te hartábamos y con fastidio nos mandabas a callar pero... continuábamos cantando. Cantábamos más que hablábamos, todo lo que le enseñé fue cantando, de la Virgen los angelitos, el niño Jesús, canta que te canta... Llegó un día que te dije la niña está ya preparada para hacer la primera comunión, ¡silencio! No dijiste nada.
En 2016 hicimos un viaje a Tierra Santa, el cinco de Agosto festividad de la Virgen de las Nieves nos disponíamos para la celebración de la Eucaristía en la Basílica de la Anunciación, en la gruta natural en Nazaret , minutos antes se me acerca el Sr Obispo diciéndome que la niña iba a celebrar su primera comunión que tú no me lo habías dicho porque querías darme la sorpresa, y... ¡vaya sorpresa que me distes! me quedé paralizada, atónita, descolocada, no te habías atrevido a decírmelo y manipulaste a D. José. Como pude te ayude a cambiar a Fátima con la ropita que le habías comprado, aprisa y corriendo por estar todos inquietos por empezar la Eucaristía ya que después entraba otro grupo. Lo viví como envuelta por una nube costándome trabajo centrarme en la presente realidad, la celebración me ayudó a pacificarme y aceptar la situación mirando el sitio donde estábamos y con quién estábamos, comprendí que no me hiciste participe de tu decisión para que no pudiera intervenir ni participara absolutamente en nada y menos aún en como vestir a la niña porque las dos teníamos gustos muy dispares. La chiquilla intuyó que pasaba algo especial estaba preciosa radiante con su pobre ajuar. No recuerdo si lo que le sobraba de los pantalones me dio tiempo de remetérselo por dentro o los llevaba como siempre, todo lo que le sobraba remangado con dobleces para arriba, cosa que a mi me molestaba. De aquel día aún me queda la preciosa cara de mi niña, la bonita celebración con la presencia maternal de la Virgen que me alivió el ahogamiento por la congoja de pena que me invadió todo el viaje y la figurita de madera que le regaló a la chiquilla el Sr. que organizaba el viaje que aún luce en su dormitorio. Aún hoy diez años después continúo atónita.
Nunca te hablé de ello, no te comente, no te reproche, como si no hubiera pasado nada, dejé pasar el tiempo exteriormente normal e interiormente muy triste, llegó el día diez, tu cumpleaños, que había empezado a preparar en España y llegado el momento con una tristeza que no podía sacudirme, en el desayuno involucré a todas las personas que componíamos los dos autobuses en los cantos de cumpleaños feliz, aplausos, velas regalo, todos firmaron en el gran abanico que te había comprado, mientras yo me esforzaba en estar entera no dejando que los sentimientos me dominaran impidiéndome vivir tan profunda experiencia espiritual.
¡Sí, a la vida!
