Overblog Todos los blogs Blogs principales Religión y Creencias
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Publicidad

En abandono y alegría

                                         

    Habacuc significa” abrazar”. Escribió el libro que lleva su nombre, pertenece al A.T. es el octavo de los profetas menores, contemporáneo de Jeremías, Sofonías y Ezequiel. Mientras los profetas hablaban al pueblo, él, lo hacía con Dios, quejándose de la corrupción, la injusticia y violencia de su pueblo, preguntándole a Yahvé por qué permitía la maldad de los gobernantes, deseosos de poder y riqueza, tiranizando, masacrando, saqueando al pueblo, en el que vivió, en el siglo VII a d. C. Anterior a la invasión babilónica y la destrucción de Jerusalén.

  Debió de ser una persona integra, observadora, intimista, inconformista, que se hacía preguntas de lo que observaba y vivía, sin comprender lo que pasaba a su alrededor, volcando sus preguntas a Dios, le pide a lo grande, “que regrese y sostenga a Israel, que se manifieste igual que hizo en tiempo de Moisés”, la respuesta fue: “que Él Yahvé sí se ocupa de su pueblo y que el justo vivirá por su fe” En Romanos 1, 17 y Gálatas 3, 11 Pablo hace referencia a este mismo pasaje.

    Vemos el agotamiento, el atolondramiento, la oscuridad de Habacuc y como en su dialogo con Dios se aclara su mente, avivándose su fe, fortaleciéndose su esperanza, termina viendo y pensando según Dios, pese a sus dudas y a no entender. Ante la inestabilidad del presente y el miedo al futuro, ora con temor y confianza, pidiendo misericordia, clamando a Yahvé por la redención en favor de los débiles, de Israel y del mismo pueblo caldeo. Sabiendo que Dios tiene poder sobre todo caos. Muestra serenidad y fidelidad, para afrontar los sufrimientos, sabiendo que Dios es su refugio y fortaleza, pasa del miedo y la angustia a la alabanza, termina creyendo por encima de las circunstancias, afirmando que aunque falte el sustento; vaca, ovejas, uvas, la alegría en el Señor permanece. Cambia las quejas en abandono y alegría, clamando por la venida del Señor. Escribió “esta oración del profeta” que es una canción de suma alabanza, llena de poesía. Un bello cántico a la salvación de Dios

    Dios tiene planes para los justos que viven en esperanza, rebosantes de fe, confiando en sus proyectos divinos. La fe está por encima de nuestros más fuertes deseos, aparentemente no escuchados. Habacuc es modelo para los que dudamos, con una fe débil, envuelta en incertidumbre, más confiamos en Dios, en tiempo de adversidad y confusión creciendo hasta la fe inquebrantable y esperanza en la justicia de Dios. Yahvé nos muestra que se ocupa e interviene en la vida de su pueblo, que actúa siempre pese a que no lo creamos. Él empieza su obra en nosotros y la va perfeccionando, detrás, de todo acontecimiento bueno o malo siempre está su mano. La relación con Él nos lleva a la confianza absoluta y a pedir y vivir su misericordia. Lo que nos tiene que conducir a que nuestras alabanzas no salgan de nuestras bocas, sino de lo más hondo de nuestros corazones.

    Dos mil seiscientos o dos mil seiscientos cincuenta años después, vemos como nuestros gobernantes son el calco de los tiempos de Habacuc. Nos lamentamos y es cierto, de lo mal que está el mundo en general con tantos conflictos y crisis por la mala gestión política que genera desigualdad, pobreza, guerras... pero... olvidamos la obra de Dios, a la que pertenecemos, no como espectadores sino como discípulos activos de Cristo, somos parte de esta humanidad, de nuestra iglesia y junto con Jesús, debemos de trabajar dándonos, e intercediendo por los hombres sin cesar. Dios con su gracia divina es la fortaleza que nos hace caminar, superando las dificultades, nos enseña a mirar más allá de la escasez, dificultades y desconciertos, confiando en que Él, es el que tiene el control, siendo el que nos salva, esto, nos permite estar en gozo y esperanza incondicional.

    Hoy nos vamos a parar en la fe, Dios le dice a Habacuc: “el justo vivirá por su fe”. ¿Qué es para nosotros la fe, cómo es nuestra fe?

    La fe es el cimiento y la identificación del cristiano, es una virtud teologal, un don dado por el Espíritu Santo, junto con la esperanza y caridad que infunde en el alma, permitiéndonos dar una respuesta libre a su amor, no se nos impone, si la aceptamos, entramos en una relación amorosa con creciente necesidad de Él. Siempre va acompañada de obras de amor de lo contrario es una fe muerta. No es contraria a la razón, ilumina a esta, es la convicción de lo que se espera, y la certeza de lo que no se ve. Hb 11, 1 No creemos solos, la recibimos de la Iglesia, siendo el comienzo de la vida eterna, y un adelanto del gozo y la luz de Cristo. Nos lleva a entregarnos para vivir en comunión con Él, amándolo sobre todas las cosas, dejándonos transformar totalmente, para que de esta manera aprendamos a amar a los hombres, dando testimonio, no siendo observadores del mundo sino apóstoles activos de la buena nueva, obrando con amor, siendo solidarios en los trabajos y sufrimientos que nos rodean, dedicados al servicio de la verdad y la justicia, colaborando en hacer un mundo mejor, defendiendo la dignidad humana. Para esto, tenemos que madurar a los pies del sagrario, para que en los momentos de dificultad y sufrimientos mantengamos la esperanza superando las dificultades.

¿Cómo es nuestra fe? ¿Estamos adheridos con confianza total a la persona de Cristo, con ansias con toda nuestra mente y corazón? ¿Nos esforzamos en conocer su voluntad, aceptándola cuando no la comprendemos? ¿Somos coherente con lo que hacemos y creemos?

    El apóstol San Juan une fe y amor, nos enseña que la fe es la adhesión personal a Cristo, Hijo de Dios y Salvador, que nos da vida eterna y unión con Dios, que si amamos, es porque Él nos amó primero, por lo que tenemos mucha tarea por delante ¡amar! Hemos salido del amor, vivimos del amor y en el amor y vamos al amor, para esto tenemos que vivir siempre en comunión con Dios y el hermano, todo lo que no sea esto, es un desequilibrio para el alma que está hecha para todo lo bello, debemos evitar el vacío emocional, el debilitamiento, la inquietud... el alma necesita paz, contacto con lo divino, oración, silencio... que es, lo que nos lleva a la gratitud, al servicio con finura y delicadeza, a vivir dando amor en estabilidad emocional y espiritual pero... ¡no! la tenemos presa y desequilibrada por nuestro mal vivir, a base de  intranquilidades, desequilibrios... Creo para mi, que este es el pecado contra el Espíritu Santo ignorar, malograr, oponernos, pasando de su acción santificadora en nosotros. En nuestra simpleza y pequeñez sólo en el Espíritu Santo podemos testimoniar el amor de Cristo, el amor con que somos amada.

    ¿Vivimos para Dios para su obra o para nuestros intereses? ¿reflejamos la luz de la fe, siendo capaces de dar calor a los corazones? ¿tenemos los brazos abiertos para acoger a quién lo necesite? ¿somos evangelio abierto? Evangelizar no es hablar y rezar como papagayos, sintiéndonos segura con nuestros razonamientos, sensibilidades espirituales o sentimentales a flor de piel. Evangelizar es ¡testimoniar! ser evangelio vivo, no es hablar de boquilla, es encarnar el amor en nosotros, mostrando la luz y la alegría de Cristo por ello, tenemos que vivir en amor. Siendo testigos realmente de la resurrección de Jesús, proclamando la buena noticia del amor hecho Hombre. Tomemos conciencia que desde toda la eternidad, antes de la creación del mundo nos eligió para ser los amados, abrasados en el fuego de su amor ¡El Espíritu Santo!

     Busquemos la alegría de Dios, su santidad, su voluntad, para esto nos ha creado. “como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” porque escrito está: “Sed santos, porque Yo soy Santo”. Qué así sea.

                               ¡Sí a la vida!

                                         

 

 

 

17/02/26


 

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post