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A mi corazón lo has hecho sangrar por habérmelo arrancado a mordiscos pero el amor es mayor que todo dolor, ya, que todo sufrimiento tiene un tiempo, un espacio, una limitación y el amor es infinito, Me negaba y me niego a hundirme, recreándome y quedándome en el mal que me has producido, no quiero vivir tragando hasta ahogarme tus dosis inhumanas de dolor, haciendo de el mi continuado vivir, no, nada ha impedido a mi alma estar anegada de paz, no está exenta de ella. Me niego a vivir en el dolor, y para el dolor; este no es niebla espesa, negra en mi interior, no me deja ciega, e insensible para no ver y percibir los aires nuevos del andar constante de la vida que me lleva a mi destino por caminos de vivencias sorprendentes y nuevas, haciéndome experimentar sentimientos limpios y nobles. Me has enseñado a resurgir de lo más hondo y profundo de las tinieblas para continuar saboreando la multitud de sorpresas de alegrías, pequeñas, imperceptibles que me arrullan, arrancando las raíces del dolor que sembraste, queriendo arraigar en lo más hondo y profundo de mi ser, me niego a que la amargura del dolor, me impida continuar viviendo, sintiendo la dulzura del placer, de la satisfacción de cada momento maravilloso de cada día. De ningún modo, el sufrimiento no me ciega como para no ver lo asombroso de estar viva, del sentir del vivir de todos los seres palpitando que me acompañan, deseosos de vida. El dolor no me oscurece la luz del día, ni la luna y estrellas de la noche. No, mi escudo protector contra ti ¡es el amor!
Te guardaré en mi corazón, como un tesoro ¡te debo tanto! Cómo agradecerte que me hayas hecho vivir tal cúmulo de sufrimientos que ni sabía que pudieran existir, sin desesperación, con paz, con amor. ¡Nunca te olvidaré! Estaremos sin vernos un espacio de tiempo, que por muy largo que sea, es nada, para tantísima eternidad que viviremos amando juntas.
¡Sí, a la vida!
