Qué desgracia más grande haber caído en tus manos desgarradoras, convertidas en garfios, has rasgado mi vida entera, turbando mi mente, hiriéndome, arrancándome el corazón con total crueldad, me has machacado y triturado, hasta quitarme el poco aliento que me quedaba. Es como si dentro de ti viviera una jauría de animales rabiosos, es imposible que seas tan cruel, no encuentro otra explicación que... “el que viste, sobre el quicio de la puerta de la habitación, en casa de tu hermana, se hubiese quedado a vivir contigo; dominándote y dirigiéndote". Todo lo que tocas lo haces infeliz. de ahí, tus locos descontroles, tus furias incapaz de sujetar, tus abusos, tus mentiras, tus maltratos ¡qué desgraciada eres! y... ¡Pobrecita mi niña! ¿qué le quedará de pasar en manos tan volubles y mente tan desquiciada?
¿Acaso eres digna de ser querida, tan cruel, tortuosa, mentirosa...? ¡Sí, te quiero! Es algo natural que brota y salta de mi interior sin control, sin poderlo evitar, sin ser capaz de manejar lo que bulle y se escapa por todos mis poros. Te amo con todo el amor que Dios ha puesto en ti y en mi. Te amo con compasión, con misericordia, con verdad, te amo como las madres aman a los hijos, o los hermanos entre sí, te amo como a las mejor de las amigas y compañeras, te quiero de manera sincera y limpia como si te hubiese engendrado y parido en mi corazón. No te veo a ti sólo, veo el amor de Dios que te cubre y te protege, el mismo amor que se te va por el aire que respira, con la velocidad de tus bufidos, por la mirada de tus ojos y el desdén de tus gestos. No, no puedo odiarte, ni dejar de pensar en ti, de manera lastimosa por tus sufrimientos sin cura. ¡Qué desgraciada eres! Como puede vivir tu alma encerrada en ti, frenada por tu mente, en ese corazón tan embrutecido, lastimado y tan negro, negándole la salud y la alegría. ¿De qué estás llena? ¡Ni tú misma lo sabes! ¡Qué desgracia más grande! Por privarte de vivir al son, al ritmo de la dulzura del amor. Los más cercanos a mí, enfadados me dicen: "te quejas de todo menos de C, todavía no te hemos escuchado decir nada de ella”. ¿Cómo explicarles mis sentimientos, mis deseos, mi realidad, la que he vivido y vivo por ti? Acaso me comprenderían cuando no entienden que calle, te encubra, te proteja habiéndome destrozado la vida? difamándome, destruyéndome, quitándome lo que más valioso que tenía. Sí, te quiero sinceramente, he aprendido a quererte tal como eres, sin más, no hay hueco en mí en el que quepa odio, rencor venganza... ¡Gracias a nuestro Dios!
¡Sí, a la vida
