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Mi de profundis No es mala, es bruta

                                                                    

   Me ocupé del cuidado de los niños, desde el primer momento, ya que era imposible que colaboraras sobre todo en la limpieza y en el orden de la casa, y todo lo concerniente a la vida diaria, Te pasabas los días sin hacer tu cama, ni recoger los doce, o catorces pares de zapatos esparcido por donde fuera, que semana, tras semana ante tal caos, atónita los contaba y te los ordenaba. Menos aún limpiabas tu dormitorio o cuarto de baño. No siempre lo hacía con agrado, pero de no hacerlo me sentía culpable por Fátima, pensando en sus piececitos descalzos sobre la suciedad, a la semana siguiente aún habiéndome prometido no caer en ello, volvía a lo mismo, incluido el fastidioso ritual de contar tus zapatos, para ver si había crecido en números, o menguado.

     Rara vez colaborabas, en los baños de los niños, en lavar, fregar, planchar, limpiar... nunca me quejé. Esto duró hasta que sufrí el prolapso de útero, vejiga y recto, empezaste a ocuparte del aseo de la niña -ya hacía tiempo que no estaba el chiquillo- y yo continúe con el resto.

     Desde casi el principio fueron muchas las personas que no te toleraban, tienes algo que echas para atrás, les repeles. Perdí el trato con muchos de mis amigos. Después de estar contigo, casi inmediatamente la gente huía, A L, M.ª V, R... por nombrar algunos, se quedaban atónitas por tus reacciones tan bestiales. Decían que eras mala persona. Creyendo yo, sinceramente que no eras así, sino bruta, que sería sólo cosa de tiempo, de paciencia el que cambiaras, me empleé en justificar lo injustificable, a lo largo de tantísimos años y lo más admirable sin cansancio alguno, diciendo: -"no, no es mala, es bruta"- pero... a nadie convencía. El desgaste, la lucha más grande ha sido mediar entre tú y lo demás. El arreglar lo que tú descomponía. ¡qué castigo! Parar tu vocabulario obsceno, tu manera de pensar, hablar y actuar tan cruel, cuántas humillación a las personas. ¡Que despropósitos! Y yo... erre que erre, no, no es mala, es bruta...

     Han tenido que pasar tres años y pico lejos de ti para darme cuenta y sacudirme tu crueldad, tus malos tratos continuados, tu personalidad tan extraña e inapropiada, tus abusos sin límites y... ¡que yo te he permitido! ¡habré estado ciega y tonta!                         

                      ¡Sí, a la vida!                      

 

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