San Clemente, el tercer sucesor de Pedro después de Lino y Cleto, gobernó desde el año 93 hasta el 101. El emperador Trajano lo desterró por ser cristiano a Crimea, (al sur de Rusia), condenado a picar piedras con otros cristianos.
Nuestro párroco ha tenido un accidente junto con su padre, de manera que no tenemos misa nada más que los sábados, durante la semana los tres ministros extraordinarios hacen la celebración de la Palabra a la cual yo asisto pero se ha originado tal lío entre tantas gentes opinando, descontentas y enfadadas que ante tal cumulo de historia he optado por trasladarme todos los días fuera del pueblo para asistir a la Eucaristía.
Ayer el día me salió del revés, todo lo que me propuse dio con el fracaso, procuré aceptar lo que se iba presentando sin que me comieran los nervios, de manera que me vi en misa de siete y media, en medio de los cofrades de la hermandad del Cristo de la Plaza. Me encontré la Iglesia engalanada y a obscuras presidiendo el Cristo en el centro y la Virgen a un lado entre el pueblo, iluminados sólo por la luz de las velas. El ambiente impresionaba, era tal la obscuridad que quien hizo la lectura terminó leyendo con la luz del móvil, no así el párroco, que o bien se sabía el evangelio de memoria con puntos y comas o no tiene ojos, sino lupas. El sacerdote ofició con total solemnidad en lo gestos, oraciones, cantos, en la consagración, la homilía con voz atronadora, lucida, llena de unción, todo llevaba al recogimiento y a la unión con el Señor; al terminar, teniendo los ojos cerrados empezaron a cantar “Perdón oh Dios y Clemencia” la voz de los hombres hacha una, sonaba fuerte, vibrante con ganas, no eran buenas voces, ni estaban orquestadas pero salían del corazón, era una sinfonía tétrica pero apasionada, amorosa y bella; abrí los ojos y vi subir no sé de donde el humo del incienso avanzado por las piernas de crucificado, me emocioné del todo, dejé de entender que era el incienso y creía ver las oraciones y alabanzas de los santos subiendo hasta el altar de su presencia, a través de la obscuridad se veía pequeñas luces tintineando saliendo de la casulla bordada del sacerdote, en la lejanía a él no le veía. ¡Que preciosa es nuestra liturgia! Si la comprendiéramos y viviéramos consciente la presencia del Dios Vivo ¿Cómo lo alabaríamos y adoraríamos? Qué Dios nos de inteligencia espiritual para participar con los santos y los ángeles desde la tierra en la alabanza y acción de gracias, con el corazón encendido de amor en nuestro nuestro Dios que para esto nos ha creado.
¡Sí, a la vida! ![Bebe%20(155)[1]](https://idata.over-blog.com/3/38/90/48/Bebe-20-155--1-.gif)