San Frutos, confesor, -Patrono de Segovia- San Valentín y Santa Engracia los tres eran hermanos, se hicieron ermitaños.
Vivir cada día a la luz del evangelio que nos lleva a la interiorización, al conocimiento personal interno, a la raíz de lo que somos, por el alimento de la Palabra de Dios, que es la ley del cristiano, nuestra ley de amor, que está por encima de cualquier otra ley. Hemos escogido la ley de Jesucristo porque nos gusta, la queremos y nos da vida.
El conocimiento de nuestra debilidad como a Pablo, no nos aparta del amor de Cristo, al contrario, nuestras miserias -pese a nuestros buenos deseos- nos alienta en la confianza en el Señor, sabiendo que El nos librará, haciéndonos hombres nuevos libres, con corazón de niños. Dejaremos de estar dominados por el mal y envueltos en su gracia porque Dios está siempre dispuesto a nuestras necesidades.
Porque si hay pecado más sobreabunda la gracia, no hay que tener miedo si estamos en sus manos, Jesús, vencerá en nosotros. El que vive esta despierto, pendiente de sus ovejas con los brazos abiertos, llenos de misericordia para librarnos del mal; para llenar nuestros vacios, para darnos alas de libertad, para que seamos donación no posesión, para que aprendamos a vivir no a morir, para que seamos ricos en gracias no en maldad, para que demos la vida sin que nos la quiten, para ser señores no esclavos, en definitiva, para vivir gozando no rabiando. ¡Para ser en Dios!
Por la sangre de Cristo estamos cerca de lo que antes estábamos lejos, El, ha derribado el muro que nos separaba el odio. Que nuestro sacrificio sea un corazón y un espíritu quebrantado y humillado, con la garantía de que Dios no lo desprecia. Oh Dios crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme. ¡Que nuestra paz sea cumplir tu voluntad!
¡Sí, a la vida!